lunes, 21 de septiembre de 2020

“Melenas”, como si fuera un hijo

Un juez dicta custodia compartida para un gato: debe pasar quince días al mes con cada uno de los integrantes de una pareja que rompió su relación y ambos están obligados a asumir al 50% los gastos de manutención y cuidados

“Melenas”, como si fuera un hijo
El adelanto electoral de 2019 y la terrible pandemia de 2020 han impedido que saliese adelante la reforma de la ley de Enjuiciamiento Civil que iba a reconocer que los animales de compañía (y todos en general) son seres que sienten y padecen y no son propiedades o cosas, por lo que merecen un trato acorde a su dignidad. Esa reforma le hubiese echado una mano al magistrado Miguel Antonio del Palacio, titular del Juzgado de primera instancia número 8 de Oviedo, que el lunes pasado dictó una sentencia poco común (de hecho hay muy pocos antecedentes) por la que establece la custodia compartida de un gato entre los miembros de la pareja con los que había vivido en los últimos años, después de que estos decidiesen romper su relación. “Melenas”, un magnífico Maine Coon de largo pelo y buen tamaño, pasará ahora quince días al mes con cada uno de sus dueños, que compartirán además al 50% los gastos de manutención y cuidados. Como si fuera un hijo.
La sentencia satisface al demandante, el abogado Manuel Ángel Gutiérrez Rozos, que se vio obligado a emprender acciones legales después de que su expareja se negase a dejarle ver a “Melenas”, al considerar que el gato era de su total y única propiedad. El litigio era más complejo, porque había un cuarto personaje en esta historia, la gata persa “Shasha”, no menos preciosa que “Melenas”. Gutiérrez, cuyos intereses ha defendido el letrado Héctor Nieto Canedo, también reclamaba la custodia compartida de la minina, que había entrado en las vidas de la pareja al poco de iniciar la convivencia, en el año 2013.
Sin embargo, la mujer aseguraba que “Shasha” era un regalo de su hermana y por tanto de su exclusiva propiedad. El demandante adujo que había convivido con la gata seis años y además la habían bautizado con el nombre de una discoteca que había tenido con un amigo en el barrio madrileño de Moncloa, allá por los años noventa. La declaración de la hermana vino a corroborar que “Shasha” había sido un regalo para la mujer y no para ambos, por lo que el juez decidió excluir a la gata de cualquier acuerdo de custodia compartida.
Determinar con quién debía quedarse “Melenas” era más complejo. La pareja lo compró en 2016 en un criadero de Maine Coon de Gijón. Pagaron 400 euros antes de su nacimiento y otros 400 a la entrega. En la factura figuraba que había sido la mujer la que había pagado el dinero, y en el contrato de bienestar animal también figuraba su firma. Sin embargo, hubo un detalle que no le pasó desapercibido al magistrado. Y es que, en el correo que remitió la criadora a la pareja para explicar qué cuidados debían procurar a “Melenas”, utilizó la expresión “vosotros”, dando a entender que el gato era para ambos.
En el juicio, la criadora indicó que le había dado la impresión de que el gato iba a formar parte de la unidad familiar, y que no era exclusivamente para la mujer. Es lo que finalmente ha determinado el juez. Como no tiene otro instrumento a mano, el juez declara la “copropiedad” del animal. Está la declaración de la criadora, pero también el hecho de que, cuando la mujer se fue de viaje por unos meses a Benidorm, en febrero de 2019, dejó a los gatos bajo la custodia del demandante. La mujer había pedido que el juez rechazase la demanda porque decía que su expareja pedía compartir los gatos para seguir viéndola a pesar de que habían roto la relación. Incluso había esgrimido que el hombre le había mandado un mensaje indicando: “Nuestros gatos son tuyos”. Pero todos estos argumentos han sido desestimados por el magistrado.
Manuel Ángel Gutiérrez dice que son “muchos años con los gatos” y que les tiene “mucho cariño”. Aunque le da pena no volver a ver a “Shasha”, se conforma con “Melenas”. Y reclama que la ley reconozca lo que está en la mente de todos los amantes de los animales, que estos “tienen sentimientos y no son una propiedad más”.
LUIS ÁNGEL VEGA
https://www.laopiniondezamora.es/redactor/2020/09/20/melenas-fuera-hijo-12414745.html

domingo, 20 de septiembre de 2020

Only Fans: el polémico negocio millonario de vender desnudos por Internet que se está ‘gentrificando’ con famosas

Las trabajadoras sexuales reivindican su disconformidad ante el intrusismo deshonesto de 'celebrities' e 'influencers' que están ganando millones con sus fotos.
“Estoy pensando en abrirme un Only Fans”, “¿Qué es esto del Only Fans que se está haciendo todo el mundo?”, “A muy malas, ábrete un Only Fans, uno de mi curro lo ha hecho y está haciendo mucha pasta”, “¿Only Fans es lo de vender bragas?”.
Algunas de estas frases son auténticos clásicos pos pandémicos y evidencias de que, últimamente, andamos un poco perdidos por la vida. La plataforma Only Fans, que acumula 60 millones de usuarios y 750.000 creadores de contenido, se ha convertido en un verdadero acontecimiento virtual, pero también en un sueldo para trabajadoras sexuales, bailarines, cantantes, músicos, comediantes, modelos y un amplio espectro de profesiones sancionadas por el virus. Pero ¿es un lugar hostil o una manera plausible de ganarse la vida?
Es cierto que la pandemia ha catapultado la descarga de aplicaciones que no hubiéramos imaginado almacenar en nuestros dispositivos. Nos hemos agarrado a cualquier distracción, nos hemos visto amenizando el tiempo tratando de desarrollar cualidades absurdas, o algo insensatas para un boomer. El confinamiento ha propiciado el uso torpe de plataformas pensadas para jóvenes y creadores de contenido (recordatorio para millenials: nadie nos pide estar en Tik Tok, nadie nos está esperando allí). Sin embargo, el entretenimiento también se ha entremezclado con la necesidad, en más ocasiones de las que nos hubiera gustado. Algunas aplicaciones se han convertido en una vía eficiente para llegar a fin de mes, ante la crisis condenatoria que se vaticinaba desde marzo. Only Fans se lleva el premio. La plataforma se ha instalado como una sólida alternativa para trabajadoras sexuales durante esta crisis. Tras la denegación de fondos de apoyo de la mayoría de los gobiernos para las profesionales del sexo, que las ha excluido de cualquier rescate económico, y la imposibilidad de efectuar encuentros físicos, Only Fans podría considerarse un salvavidas. Pero ¿qué es?
De qué va esto

Daniela Blume
Anneke Necro, directora de cine porno y xperformer, lo resume así: “Only Fans es una plataforma que permite colgar contenido audiovisual. La utilizan creadores de todo tipo para alojar su material exclusivo, y los fans pueden verlo a cambio de pagar una suscripción. Su apariencia es parecida a una red social”. Sin embargo, está popularmente relacionada con las trabajadoras sexuales porque permite colgar contenido explícito. “Muchas compañeras del ámbito (escorts, webcams, etc.) lo usan, desde hace tiempo, para vender su material (desde fotos, hasta escenas, mensajes íntimos y vídeos caseros)”. Anneke se abrió la cuenta hace un par de años para mostrar todo aquello que le censuran las redes sociales. Además, parece una buena opción para todas las trabajadoras autónomas que esquivan pasar por el aro de la industria. Only Fans resulta una forma relativamente fácil de llegar al público sin tener que asumir costes muy elevados, ni trabajar para productoras que resultan poco rentables.
No obstante, la plataforma ha explosionado sus descargas y ha reflotado en un boom pandémico que se ha extendido por el mundo y por las pantallas ardientes de la gente. Muchos se aventuran a catalogarla como el gran negocio de la nueva normalidad. Daniela Blume (comunicadora y locutora en Daniela en la Nube, en Radio Primavera Sound) ha sido una de las que se ha abierto una cuenta durante el confinamiento (en Sálvame Deluxe explicó que ha llegado a ganar 20.000 euros en un día). “Llevaban tiempo escribiéndome de todas partes y animándome a que me hiciera de la plataforma. Me informé y me pareció increíble.” Reconoce sentirse muy agradecida y privilegiada porque sus ganancias le permiten tener más tiempo y dinero para invertir en otros proyectos. “Siento que Only Fans y mis suscriptores generan un todo y son mi pareja virtual.” De la plataforma, destaca la posibilidad de ser dueña de su propio contenido: “Boss bitch más que nunca.”

Aspecto de la página de Only Fans de Daniela Blume. Foto: OnlyFans
Only Fans es una opción para pagarse el alquiler. ¿La lluvia de descargas se debe, solamente, al “empoderamiento”, a una mayor apertura mental entre las nuevas generaciones, o a una desestigmatización del trabajo sexual? En absoluto, Anneke lo tiene claro: “El éxito tiene que ver con la extrema precarización laboral a la que estamos sometidos desde hace años, que lleva a muchas personas cegadas por las opiniones de influencers y celebrities privilegiadas a creer que vender nudes por internet es una forma fácil y rápida de ganar dinero”.
Consecuencias de la ‘gentrificación’
¿Y qué pintan aquí las influencers y las celebrities? Hace unos días las redes se incendiaban porque Bella Thorne se había abierto un perfil en Only Fans. Ella misma lo anunciaba entre exclamaciones: I´m excitedto talkabout the politics behind famale body shaming &sex!!!. La actriz, de 22 años, que acumula 23.8 millones de seguidores en Instagram, consiguió más de 50k de usuarios y 2.000.000 de dólares en una semana, gracias a una foto que podías conseguir por 200$ y en la que, supuestamente, aparecía desnuda.

Bella Thorne
Pero no hubo nude, fue un engaño. Blume, que se suscribió a su cuenta, lo describe como verdaderamente decepcionante. “Parecía una broma, subía fotos en bikini.” La polémica desencadenada por el precio abusivo de un contenido que resultó no ser lo que prometía ha derivado en una probable regularización de los precios de los contenidos subidos a la plataforma, que ahora podrán costar 100 dólares como máximo. Este cambio de política, según la empresa, tiene en cuenta la seguridad de los usuarios y creadores de contenido, pero contrariamente ha provocado la ira y el desacuerdo de muchas trabajadoras sexuales. “Suena peculiar que una plataforma que ha demostrado ser totalmente incompetente a la hora de solucionar problemas y que no da ninguna seguridad a las creadoras de contenido decida regular los precios. Desmerece totalmente nuestro trabajo y es un insulto hacia nosotras”, dice Anneke.
La BBC recogía hace unos días algunos casos de profesionales del sexo que lamentaban sentirse estafadas por Only Fans. Stephania Michelle, una cosplayer profesional de Los Ángeles, cuestionaba la intrusión de Bella Thorne a la plataforma. “Nunca podrá conocer los desafíos a los que nos enfrentamos día a día”. La mayoría de ellas aseguran que perderán gran parte de sus ingresos si se aplican las limitaciones, pero lo que más les preocupa es que se desmerezca y se abarate el valor de su contenido.

Bella Thorne
Daniela recuerda la importancia de la credibilidad en su trabajo: “Cada persona puede compartir lo que quiera en su perfil, mientras haya suscriptores que lo vayan a pagar, pero considero que tienes que ser honesta con lo que esperan de ti. Si se ha establecido un intercambio, hay una relación que se debe honrar”. Como Anneke, muchas consideran que Only Fans se ha convertido en un lugar hostil y está considerando mudarse a otros espacios más interesantes y seguros.
“Jugar a hacerse la puta”

Pero Bella Thorne no ha sido la única que ha querido tontear con la plataforma. Cardi B, Tana Mongeau o Swae Lee también lo han intentado, y hasta la reina del abejorro, aunque sibilinamente. Beyoncé mencionó las dos palabras mágicas en su remix Savage (junto a Megan Thee Stallion) y en menos de 24 horas consiguió que el espacio registrara un 15% más de tráfico. La rentabilidad para Only Fans es incuestionable, ¿pero ayuda a las trabajadoras del sexo?
Anneke desmonta la suposición de que las celebrities puedan des estigmatizar una profesión cargada de políticas prohibicionistas. “Me molesta que personas ajenas al trabajo sexual jueguen a hacerse la puta. No es un juego, es un trabajo y para muchas personas es su única fuente de ingresos […]. Si las influencers tuvieran consciencia de clase podría ser beneficioso que hablaran de nuestras problemáticas, que nos hicieran de altavoz de nuestras reivindicaciones, como ha hecho la artista FKA Twigs. Pero lo han utilizado a través de un discurso clasista y no nos han ayudado en nada, al contrario, han creado polémica exponiéndonos a las críticas y persecuciones del movimiento abolicionista.”

Aunque Daniela Blume sí que tiene fe en la capacidad constructiva de las influencers, coincide con Anneke sobre la importancia de generar conciencia alrededor del trabajo sexual virtual (es así como lo llama). “Entender que es trabajo es el primer paso para reivindicar los derechos de todas y acabar con los prejuicios hacia la prostitución”.
Sobre el deseo ingenuo de las jóvenes que tienen prisa, Anneke recuerda que debemos vigilar y no convertirlo en comportamientos anecdóticos: “Hay que tener en cuenta que muchas artistas están utilizando la estética y la cultura del trabajo sexual despolitizándola y despojándola de todas sus reivindicaciones. Entonces, las chicas jóvenes quieren vestir como se supone que viste una stripper o una puta, pero no tienen ni idea de cuáles son nuestras reivindicaciones políticas”.
Alba Riera
https://smoda.elpais.com/belleza/only-fans-desnudos-celebrities/

sábado, 19 de septiembre de 2020

Amazonia: curarse en casa de la covid-19 mejor que en el hospital

Llevar atención médica a los indígenas afectados por la pandemia en sus comunidades en vez de trasladarlos a las ciudades es la mejor opción para evitar contagios de otras enfermedades para las que no tienen inmunidad, pero también un gran reto. Uno de los pocos ejemplos es el hospital de los zo’é

Integrantes del pueblo yanomami sujetan mascarillas y cargan a sus bebés el 1 de julio de 2020 en la región de Surucucu, municipio de Alto Alegre, estado de Roraima (Brasil). El coronavirus ha llegado a la mayor tierra indígena de Brasil y amenaza a los históricos guardianes de la Amazonía. Joédson Alves EFE
Brasil es el país con más casos diagnosticados de coronavirus en pueblos originarios. Con 12.048 indígenas contagiados y 444 fallecidos según los datos del 7 de julio de la Articulación de Pueblos Indígenas (APIB), el desafío actual es garantizar la atención sanitaria y el cese de la propagación de la pandemia. “Los pueblos indígenas de la Amazonia estamos enfrentando una situación de emergencia sanitaria que está cada día más descontrolada”, alerta Angela Amanakwa Kaxuyana, de la etnia kaxuyana y representante de la Coordinación de las Organizaciones Indígenas de la Amazonia Brasileña (COIAB). Actualmente, el mayor foco de coronavirus de todo Brasil se ubica en un tramo de 2.000 kilómetros a lo largo del río Amazonas, la principal vía de transporte en una de las regiones del país con mayor concentración de pueblos originarios, según un estudio brasileño de la Universidad Federal de Pelotas (UFP) São Paulo, publicado en la revista cientifica medRxiy. Esta misma investigación demuestra que la prevalencia de contagios entre la población indígena, del 3,7%, es casi el triple que la media nacional, 1,4%.
“No es coherente sacar a una persona de su aldea indígena para tratar una enfermedad cualquiera en una de las ciudades amazónicas que son epicentros de la pandemia de coronavirus”, afirma Amanakwa. Ella explica que algunos de ellos están contrayendo el coronavirus en hospitales o centros médicos de las grandes ciudades donde fueron ingresados con otras enfermedades, en ocasiones sin consciencia del contagio, lo que puede suponer una potencial causa de entrada del virus en las aldeas indígenas.
Algunas Casas de Salud Indígena (CASAI), como la de Manaos y la CASAI-Y Yanomami de Boa Vista, que son centros de atención primaria con residencia para acompañantes y donde muchos indígenas aguardan el traslado de regreso a sus aldeas después de un tratamiento, se han convertido en focos de contagio de coronavirus. En municipios como São Gabriel da Cachoeira, donde la mayoría de la población es indígena y presenta la sexta mayor tasa de contagios del estado de Amazonas, solo hay un pequeño hospital militar sin ninguna Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) y cualquier caso grave depende de la disponibilidad de una avioneta que lo traslade a un hospital mayor. Algunos enfermos de covid-19 del municipio han fallecido sin atención médica y muchas comunidades indígenas enfrentan el desafío de establecer cuarentenas internas para las personas contagiadas debido a sus costumbres de vida comunitaria.

Indígenas de los grupos étnicos yeKuana y yanomami llegan al batallón especial fronterizo en Auaris (AM) para recibir atención médica de las Fuerzas Armadas, que se encuentran en la región tomando pruebas rápidas para detectar la covid-19, este martes en Auaris (Brasil). Joédson Alves EFE
Para los pueblos que viven en áreas más distantes de los escasos hospitales con UCIs, la situación es aún más desafiante. “Si tuviésemos una urgencia grave y la avioneta no pudiese venir, demoraríamos entre cinco y seis días de canoa para llegar al hospital más próximo”, declara Amanakwa. Diversos movimientos sociales celebraron el pasado 16 de junio la aprobación en la Cámara alta y baja de un Plan de Emergencia frente a la Covid-19 para pueblos originarios que prevé la distribución de artículos de primera necesidad, compra de respiradores, contratación de más profesionales, medios para el traslado de enfermos y, la medida más esperada, la construcción de hospitales de campaña en las regiones más críticas. No obstante, el presidente Jair Bolsonaro (que acaba de dar positivo en coronavirus) se reserva el derecho a veto de ciertas disposiciones de dicho Plan y desde el Ministerio de la Salud realiza acciones puntuales de distribución de test de covid-19 y otros equipamientos.
Históricamente olvidados por las políticas públicas y especialmente discriminados por Bolsonaro, algunos pueblos temen un aumento de suicidios como resultado de la presión generada por la covid-19, según relató el líder indígena Higson Kanamari, presidente de la Asociación Indígena Kanamari do Vale do Javari (Akavaja) a la revista digital Amazonia Real. Por su parte, la COIAB ha lanzado una campaña de recaudacion de donaciones para ayudar tanto a los indígenas como a los profesionales de salud que se enfrentan el déficit de equipos de protección, y más de 1.300 médicos voluntarios con apoyo de la sociedad civil y empresarial han lanzado el proyecto Mison Covid para ofrecer consultas de telemedicina a distancia.
La prevalencia de contagios entre la población indígena, del 3.7%, es casi el triple que la media nacional, 1.4%
“Necesitamos alternativas urgentes, cada persona trasladada con covid-19 u otra enfermedad contagiosa deja un rastro en el avión, en la lancha o en otros medios de transporte, así como en los acompañantes”, explica Eric Jennings, médico neurocirujano que atiende a varios pueblos indígenas de la Amazonia. Jennings también coordina el equipo sanitario de un pequeño hospital de elevada resolución construido en la Tierra indígena Zo’é, estado de Pará. A partir de su experiencia en salud comunitaria, este médico considera que se necesita descentralizar la atención sanitaria y reservar los grandes hospitales de las ciudades solo para atender los casos más graves. "No es viable, y menos en un momento de pandemia, concentrar en un mismo lugar todos los servicios".
El reto de llevar la atención médica hasta los indígenas
Si bien todos los pueblos indígenas tienen derecho a la atención médica del servicio de salud público, la presencia fija de un equipo médico en cada tierra indígena solo está prevista por ley para los pueblos aislados o los de reciente contacto debido al riesgo que supondría el traslado a la ciudad para poblaciones con escasa inmunidad a las enfermedades exteriores. Esta política pública, garantizada por la medida nº4049, fue elaborada por la Fundación Nacional del Indio (Funai) junto con especialistas sanitarios y aprobada en 2018. No obstante, su puesta en práctica todavía es escasa y uno de los pocos ejemplos en los que puede ser observada es en el pequeño hospital de los zo’é creado en 2003 con motivo de la instalación del Frente de Protección Etnoambiental Cuminapanema de la Funai.
Este pequeño hospital está construido siguiendo las especificidades socioculturales del pueblo zo’é, considerado un pueblo de reciente contacto con la sociedad exterior. El médico es quien se desplaza, un equipo de enfermería y auxiliares permanece siempre fijo en el local y en los últimos 20 años solo se han trasladado a la ciudad, de media, tres pacientes por año con necesidades de tratamientos puntuales, según informa Jennings. Si bien este proyecto de salud comunitaria fue reconocido como modelo ejemplar de salud indígena por las Naciones Unidas en 2011, a día de hoy continúa siendo una experiencia aislada frente a las dificultades sanitarias que enfrenta el resto de poblaciones indígenas del territorio brasileño.

Una mujer del pueblo yanomami y su bebé llegan a un punto de atención de una brigada militar de salud en la región de Surucucu, municipio de Alto Alegre, estado de Roraima (Brasil). Joédson Alves EFE
Jennings, que atiende a otros pueblos indígenas en la Amazonia y conoce los desafíos de la atención sanitaria para las diversas etnias amazónicas contagiadas con coronavirus, añade que el traslado de sus miembros a la ciudad les supone fuertes impactos psicológicos y es, además, más caro a largo plazo que el tratamiento sobre el terreno, considerando que el valor medio de vuelo en avioneta ronda los 300 euros.
Entre los impactos socioculturales del desplazamiento a los hospitales urbanos figuran la ausencia de sus prácticas terapéuticas tradicionales, diferentes costumbres de alimentación y barreras de comunicación, ya que algunos miembros de pueblos indígenas no dominan el portugués. “Ha llegado el momento de ampliar nuestros horizontes y de llevar la tecnología y el conocimiento médico que tenemos a las pequeñas comunidades y no partir siempre de la premisa de trasladar a los pacientes a la ciudad”, declara el doctor Jennings.
Los zo’é no presentan ningún caso de contagio de coronavirus hasta el momento. Cuando a mediados de marzo, la Funai les advirtió por radio sobre la amenaza de la pandemia de coronavirus, todas las familias decidieron trasladarse a las aldeas más lejanas del hospital y de la base donde están los profesionales de la Funai, a una distancia de un día a pie.
Necesitamos alternativas urgentes, cada persona trasladada con covid-19 u otra enfermedad contagiosa deja un rastro en el medio de transporte, así como en los acompañantes
Eric Jennings, neurocirujano que atiende en la Amazonia
Para los zo’é, la enfermedad como tal no existe, su percepción de la salud proviene de la observación de síntomas. Según su cosmovisión, existen dos tipos de dolores: unos pueden ser enviados por los muertos o por los espíritus de la naturaleza en forma de venganza por alguna mala práctica, como una caza excesiva, y otros provienen del exterior. Ellos llaman a estos últimos kirahi ahy, que significa “dolor de los blancos”, frente a los cuales lo más adecuado es dispersarse.
Este pueblo está compuesto por 315 indígenas agrupados en cuatro comunidades que se desplazan según las estaciones del año entre sus 46 aldeas ubicadas en lugares clave de su territorio según la disponibilidad de caza y de pesca. “Ellos pueden estar completamente aislados y sobrevivir muy bien de los recursos de la naturaleza como siempre lo han hecho porque no han creado dependencia de la ciudad”, explica el doctor Jennings que destaca que muchas comunidades indígenas no han podido permanecer completamente confinadas en este momento de pandemia debido a la necesidad de adquirir productos alimenticios del exterior.
Además de soberanía alimenticia, los zo’é poseen sus propias prácticas terapéuticas: el towari, quema de hojas de tabaco y otras hierbas nativas, les sirve para curar dolores provocados por agresiones de "espíritus de la naturaleza". También utilizan raíces y cáscaras de algunos árboles que toman en forma de infusiones y aplican un analgésico natural de aceite templado del fruto de la castanheira o nogal de Brasil (Bertholletia, en latín). Los parteros y parteras zo’é son los encargados de todos los nacimientos, aunque generalmente la familia de la embarazada se instala en una de las aldeas más cercanas del centro de salud, donde el equipo médico puede acudir más fácilmente si hay alguna complicación. “Nosotros llevamos un seguimiento de todos los partos, pero solo intervenimos cuando es necesario”, añade Jennings que subraya la importancia de que un zo’é pueda nacer en su propio territorio.
Este pequeño hospital en tierra indígena garantiza tanto la asistencia de salud básica como la atención de cirugías de media complejidad y, en algunos casos, de alta complejidad como son las operaciones de hernia o cataratas. De media, el equipo médico puede realizar unas 15 intervenciones de dificultad media y alta por año. El centro está equipado con material para consultas odontológicas, analíticas generales, una máquina portátil para hacer rayos X y, además, suministra todas las vacunas básicas, incluyendo la actualización periódica de la gripe. “Casos leves y medios de covid-19 podrían ser atendidos con las infraestructuras de este hospital indígena”, explica Jennings. El equipo de salud, junto con la Funai e investigadores voluntarios, está buscando la forma de adquirir la donación de un respirador mecánico para estar prevenidos ante un posible contagio dentro de este pueblo que mantiene vivo el recuerdo de precedentes epidemias.

Integrantes del pueblo yanomami son atendidos por una brigada militar de salud este miércoles, en la región de Surucucu, municipio de Alto Alegre, estado Roraima (Brasil). Joédson Alves EFE
Los zoe perdieron un cuarto del total de su población a finales de los ochenta, justo cuando los misioneros evangélicos de la Misión Nuevas Tribus Brasil llevaron a cabo los primeros contactos con una población que vivía en aislamiento voluntario. La Funai expulsó a los misioneros y estableció una base en la tierra de los zo’é en los años noventa, que funciona hasta el día de hoy para garantizar sus derechos y para evitar la entrada indeseada de otras personas exteriores a la comunidad. No obstante, Survival Internacional alerta de que la presión sobre su territorio y sus recursos está aumentando: "Recolectores de castaña, buscadores de oro, misioneros y cazadores invaden periódicamente su tierra, y la frontera de los cultivos de soja cada vez está más cerca".
La entrada de invasores en tierras indígenas para la extracción ilegal de recursos continúa latente incluso durante la actual crisis sanitaria provocada por la pandemia. Es un amenaza no solo para los zo’é, sino también para los yanomami y para muchos otros pueblos originarios de Brasil expuestos a la destrucción de sus territorios y al riesgo de contagio exterior de coronavirus a pesar de los esfuerzos titánicos que están llevando a cabo para protegerse y evitar tener que ser trasladados a los hospitales de las capitales. “Todo paciente fallecido en la ciudad debe ser enterrado allí mismo. Es un cuerpo que no vuelve a la aldea indígena para pasar por los rituales funerarios”, afirma Jennings.
Luna Gámez‏
https://elpais.com/elpais/2020/07/06/planeta_futuro/1594048029_443914.html

viernes, 18 de septiembre de 2020

Arquitectura, ¿adónde vas?

Los últimos iconos construidos en Corea y Dubái coinciden en el tiempo con proyectos marcados por la preocupación social en México. La crisis obligará a elegir

Exterior de los almacenes The Galleria diseñados por OMA en Gwanggyo (Corea del Sur). Hong Sung Jun (OMA)
La arquitectura construye el mundo, no puede proyectar de espaldas a él. Para anticipar el futuro y dar respuesta a nuevas urgencias debe arriesgar. El resultado puede acertar o fallar, y entonces convertirse en un testigo incómodo. Ese equilibrio inestable entre tratar de anticipar las necesidades del mañana y erigirse en recordatorio de fallos del pasado convierte esta disciplina en un arte lento. La industria que también es trabaja despacio por otros motivos. Contrariamente a lo que podría sospecharse —por la constante invención de materiales y la imparable mejora del desarrollo tecnológico—, los tiempos de la arquitectura están cada vez más dilatados. En parte porque la tecnología supe avanzada o los materiales ultra inteligentes no son siempre los más apropiados, económicos o disponibles; en parte por la burocracia de controles normativos y, en una parte no desdeñable, porque ya hemos aprendido que lo que encarece muchos proyectos arquitectónicos no son solo las ocurrencias, o los malos cálculos, de algunos arquitectos, sino también las contabilidades paralelas: las enormes, y con frecuencia oscuras, cifras que mueve la construcción. Así pues, hace ya mucho tiempo que el juego no está solo en manos de quienes proyectan edificios y ciudades, si es que alguna vez lo estuvo, cuando cliente y arquitecto buscaban un mismo fin: la legendaria inmortalidad.
¿Qué ocurre ahora? ¿Se está dando una arquitectura de reacción ante los grandes problemas que sacuden el planeta? Entre construir en balde un oxímoron como un hospital de campaña permanente —también tiene un coste mantener lo innecesario— o dotar de infraestructuras, por rudimentarias que sean, a quienes las necesitan hay un mundo. Lo primero es incomprensible desde la lógica del uso, pero la lógica de la corrupción es más perversa que la de la función. Lo segundo requiere que el arquitecto sea, además de proyectista, agente social. Entre esos dos extremos hay necesarias ideas de reciclaje urbano, acondicionamiento energético, convivencia cicatrizante con lo existente y, por supuesto, el esfuerzo sisífico de reinventar la pólvora para que no cese el espectáculo. Una pregunta siempre pertinente consiste en descubrir qué es hoy la verdadera pólvora arquitectónica. La respuesta debería extender la sostenibilidad de lo energético y lo material a lo social.
Más allá de un creciente peligro global que pone a prueba nuestra capacidad de acuerdos y evidencia nuestros desacuerdos, la plaga de la covid-19 es un aviso muy serio sobre las formas de vida, la explotación del planeta y las prioridades de las últimas décadas. Esa advertencia se refleja en la arquitectura que se está proyectando ya en intervenciones efímeras que —como sucede durante los grandes eventos— han tenido una escala urbana. Se trata de un urbanismo, en principio temporal, que ha devuelto las calles a los ciudadanos —limitando el tráfico de coches— y que algunas alcaldesas, como las de París o Barcelona, han comenzado a adoptar para transformar permanentemente sus ciudades.

Nueva sede de Swatch en Biel (Suiza), de Shigeru Ban. Didier Boy de la Tour
Ese espíritu de lógica social no es nuevo. Lleva años presente en trabajos poco publicitados por humildes o porque su construcción no tiene una repercusión económica más que en quien apenas tiene. Informar sobre la convivencia de arquitecturas es una obligación y una riqueza. En la cosecha arquitectónica del coronavirus conviven, como sucede tras las crisis, una mezcla de autocrítica, buenas intenciones y sálvese quien pueda. Junto a las propuestas de reconquista ciudadana —que cuestionan también la prioridad conferida al turismo que ha vaciado los centros urbanos— afloran iniciativas para expandir el ámbito de la arquitectura, propuestas para hacerla seriamente sostenible y también una voluntad de aumentar la espec­tacularidad de la disciplina.
Empecemos por el final. En la versión más llamativa de la nueva arquitectura, el ganador es Rem Koolhaas, al mando del estudio OMA, con los grandes almacenes levantados en Gwanggyo (Corea del Sur), para el grupo empresarial Galleria. Morfológicamente, el edificio trata de acercarse a una roca. Esa ambición deja al espectador con la duda de si se trata de un inmueble realmente feo —y por siniestro justamente sorprendente— o si es de nuevo Koolhaas el que se adelanta a lo que todavía no alcanzamos a comprender. No se trata —no sobra decirlo— de juzgar maniqueamente un inmueble como bonito o feo. Se trata de reaccionar a una primera impresión justificada por los arquitectos a partir de “la falta de peso visual del barrio”, una ciudad dormitorio sin historia a 25 kilómetros de Seúl. Es cierto que el panelado pétreo triangular que lo envuelve logra más expresión que los rascacielos que lo rodean, pero la banda externa —que construye una lúcida circulación perimetral— termina envolviendo la roca como la cinta del lazo en un regalo. Vistas las circulaciones perimetrales de la Biblioteca de Seattle o la de Doha, cabe plantearse si Koolhaas no será fundamentalmente bueno en organizar el desfile de los usuarios y el resto se lo juega al alto riesgo: para arraigar el barrio, ha hecho aterrizar un meteorito.
Otro de los nuevos proyectos es un agujero enmarcado, firmado póstumamente por Zaha Hadid, que inevitablemente también sorprende desde su espectacular forma. Está en Dubái, a pocos metros del rascacielos más alto del mundo, el Burj Khalifa. Se llama Opus, pertenece al grupo hotelero español Meliá y está formado por dos torres unidas en la base y la corona. El agujero que las separa actúa como un patio de luces y permite el control de seguridad en los accesos. Su audacia formal contrasta, sin embargo, con la decisión poco razonable de construir en el desierto con una fachada de vidrio, el llamado muro cortina. Es cierto que ese acabado hace que el propio edificio desaparezca entre los reflejos de sus vecinos, pero más allá de ignorar el genius loci, la lógica energética hace agua y eso termina hablando de pasado. Y pesando sobre el futuro.

Proyecto para ampliar viviendas con estructuras de bambú reciclado de la mexicana Rozana Montiel. JAIME NAVARRO
La voluntad de construir rápido y el valor de los espacios intermedios —con ventajas del exterior como la luz natural y la protección de un interior— están presentes en el último de los proyectos inaugurados por el japonés Shigeru Ban: el Campus Swatch en Biel, Suiza. Aquí, la sede de la empresa relojera se abraza a la fábrica de Omega como una lombriz gigante. Se trata de un proyecto muy visual que, sin embargo, es un sobresaliente ejercicio de innovación. Más o menos caprichosa, la forma es consecuencia de una voluntad transformadora: uno de los mayores edificios construidos con madera en el mundo. El Campus es también el mayor proyecto de Ban hasta la fecha y lleva a la arquitectura empresarial lo que su estudio ha aprendido trabajando con la de emergencia. La cubierta —formada por 7.700 plafones de abeto— contrasta con el volumen cartesiano de la fábrica levantada también con una estructura de madera.
Con todo, es la versión más voluntariosa de la arquitectura actual la que resulta más revolucionaria porque busca impulsar cambios mucho más necesarios que arbitrarios. Arquitectas como las mexicanas Mariana Ordoñez y Jesica Amescua defienden la disciplina como proceso colaborativo, es decir, diseñan con los usuarios. Trabajan con comunidades de mujeres identificando necesidades urgentes y proponiendo soluciones constructivas y culturales. Escuchan, dialogan, proyectan y hasta recaudan dinero desde la propia web de su estudio, Comunal. No están solas en esa nueva versión del arquitecto-agente social. Como el estudio Shau en Indonesia o Anna Heringer en Bangladés, también el Pritzker Shigeru Ban recauda donativos para sus llamados proyectos de emergencia: las viviendas temporales que enseña a construir tras terremotos, tifones o —en su propio país— desastres nucleares.
Compartiendo esa urgencia de lo que no admite demora, de nuevo en México, las arquitectos Rozana Montiel y Alin V. Wallach idearon hace unos meses el proyecto Un cuarto más: una sencilla estructura de bambú y aluminio reciclado que —con muy bajo coste y menos de dos semanas de obras— amplía las casas en sus azoteas. En la línea de las viviendas incrementales de Alejandro Aravena, se trata de colocar una casa sobre otra aprovechando la vivienda existente como cimientos y utilizando la distancia del suelo como protección. Los arquitectos buscaban hacer crecer las casas sin esfuerzo y evitando un gran desembolso económico. Montiel habla de combatir el hacinamiento. También de reducir la violencia intrafamiliar.
De la misma manera que la verdadera escritura debe enseñar a escapar, hay una arquitectura que enseña a pensar. Por eso es inesperada. Vivimos una época en la que lo poco está empezando a sorprender más que lo mucho. Y si a la arquitectura espectacular se le resta la sorpresa, ¿qué le quedará?
El coronavirus está evidenciando que la necesaria sostenibilidad no es solo una cuestión energética. The New York Times lo ha convertido en titular: “Hay que ayudar a los que no tienen nada”. No es únicamente un tema de justicia social, es una cuestión de supervivencia económica: sin clientes, el mercado, como la arquitectura, deja de existir.
Anatxu Zabalbeascoa
https://elpais.com/cultura/2020/09/11/babelia/1599819625_372363.html

jueves, 17 de septiembre de 2020

Mueren más jóvenes en accidente de tráfico que por la Covid-19

· Este verano han fallecido 38 personas de entre 15 y 24 años
· La Fundación Fesvial recuerda que este grupo ha sido el único que ha incrementado su siniestralidad durante julio y agosto.
Mucho se está hablando del protagonismo de los jóvenes en los rebrotes del coronavirus en España. Botellones, grupos de decenas de chavales que interaccionan muchos de ellos sin la mascarilla obligatoria.... Y sin embargo, siendo esa una conducta de riesgo, olvidan que hay otras todavía más peligrosas. Como las relacionadas con el tráfico, como recuerda la fundación Fesvial. Y es que el pasado verano fue, según los datos de la DGT, el que menos muertos ha registrado desde que existen estadisticas, con 202 fallecidos, un 6% menos.

Pero ese descenso se debió a la reducción de los desplazamientos, que cayeron todavía más, un 9%. Y tuvo como gran lunar el comportamiento del grupo de usuarios de entre 15 y 24 años, que fue el único que aumento su siniestralidad. De 23 pasaron a representar 38 víctimas, muchas más de las contabilizadas por la Covid-19. Además, buena parte de ellas dentro del colectivo de los llamados usuarios vulnerables, un grupo formado por peatones, ciclistas y usuarios de moto y ciclomotores. En total, este grupo registró 84 víctimas mortales este verano, el 42% del total.
Desde 1960: 290.000 fallecidos en accidentes
"Estas preocupantes son el resultado de una movilidad atípica debida a la pandemia originada por el Covid19, donde los desplazamientos de los jóvenes -diferentes a los de años anteriores- en trayectos cortos, en bicicleta y en motocicleta, han sido la tónica veraniega como vía de escape y expresión de ocio" señala Luis Montoro, catedrático de Seguridad Vial.

En esa línea, también recuerda el desconocimiento de los conductores sobre las causas que provocan los accidentes :según Fesvial, el 50% de ellos pone como primeras causas el alcohol y las drogas. En cambio, los datos definitivos de la DGT referidos a 2019 señalan que las distracciones ocupan el primer lugar (28%), seguidas por el consumo de alcohol (24%) y los excesos de velocidad (23%).
Desde que Tráfico empezase a publicar estadísticas de accidentes de tráfico en 1960, en España han muerto 290.000 personas en accidentes de tráfico, cifra que Fesvial eleva -introduciendo factores de corrección- hasta las 320.000.
https://www.elmundo.es/motor/2020/09/12/5f5bffeffc6c83670f8b4582.html

miércoles, 16 de septiembre de 2020

Baleares exige catalán a los barrenderos pero no al jefe de la empresa pública de limpieza


Manuel J. Menéndez, gerente de la empresa municipal Emaya.
El gobierno de coalición de socialistas, nacionalistas (Més) y populistas de Unidas Podemos (UP) del Ayuntamiento de Palma tiene una cuanto menos curiosa manera de medir las exigencias impuestas en el conocimiento del catalán para el acceso al empleo público: para el personal de confianza, manga ancha, barra libre y cero exigencias mientras para el resto de aspirantes, acreditación oficial del nivel requerido, ya sea para acceder a una plaza de barrendero, de administrativo, auxiliar o técnico.
Esto es lo sucedido sin ir más lejos en la mayor compañía municipal del Ayuntamiento de Palma en número de trabajadores (1.500 empleados) y presupuesto (superior a los 130 millones de euros).
El consejo de administración de la empresa palmesana de aguas y limpieza (Emaya) presidida por el concejal socialista Ramón Perpinyà, nombró a finales de julio al nuevo gerente de la entidad, Manuel José Menéndez Prieto.
Con su nombramiento se incorporaba a la empresa pública un profesional de dilatada experiencia en puestos directivos de alta responsabilidad en los ámbitos de la energía, el agua, los residuos y el medio ambiente. De hecho es titulado en ingeniería de minas por la Universidad de Oviedo, especializado en tecnologías energéticas por la Universidad Politécnica de Madrid y cuenta con una amplia experiencia y formación en dirección de equipos y en innovación tecnológica y digital.
Sin embargo, y a diferencia del grueso de personal de la compañía, la dirección socialista de la empresa decidió con el voto a favor de sus socios de gobierno, los nacionalistas de Més y de Unidas Podemos (UP) eximir a su nuevo alto cargo de cualquier titulación de catalán. Ni tan siquiera el nivel básico A1 que acredita un mínimo conocimiento de la misma.
Algo insólito si tenemos en cuenta que desde la legislatura pasada con los nacionalistas de Més al frente de Emaya, la certificación del conocimiento de esta lengua se convirtió en requisito imprescindible para el acceso a cualquier puesto de trabajo en la compañía. Lo que hasta la fecha era un mérito se convirtió entonces, y así se mantiene hasta la fecha, en un requisito para todos los aspirantes a entrar en la entidad municipal: desde altos cargos directivos a incluso barrenderos.

En el caso de Menéndez (con un sueldo superior bruto de 62.000 euros anuales) no ha sido así. Hasta el propio presidente de la compañía Ramon Perpinyà, reconoció este hecho en el consejo de administración al resto de directivos en la sesión en la que se procedió a su nombramiento.
Fuentes consultadas presentes en la reunión afirmaron que el nuevo alto cargo se comprometió ante el resto de consejeros interesarse por el dominio de esta lengua pidiendo compresión por sus carencias a fecha de hoy.
La representantes de los nacionalistas de Més, la expresidenta de Emaya, Neus Truyol, al igual que el de UP votaron a favor de su nombramiento sin poner objeción alguna y de hecho el castellano fue la lengua usada en esa reunión.
"Es un cargo de confianza y no se requiere", precisaban ayer fuentes oficiales de la empresa justificando el doble rasero en materia lingüística. No obstante hay que indicar sin ir más lejos que todos los concesionarios y proveedores de servicios del Ayuntamiento de Palma tienen la obligación de usar el catalán en el trato con la Administración municipal. A ello hay que sumar el hecho de que, hasta la fecha, el orden del día de todos los consejos de administración de Emaya y el desarrollo de los puntos a tratar se tramitan en esta lengua. Al menos hasta ahora.
https://www.elmundo.es/baleares/2020/09/09/5f579caefc6c833c638b46e4.html
INDALECIO RIBELLES

martes, 15 de septiembre de 2020

El «Coronasutra» no salva la crisis de los prostíbulos

Las prostitutas temen el cierre de los locales de alterne, que pese a tomar medidas higiénicas, son un foco de contagios de difícil rastreo

Dos mujeres descansan en la barra de la terraza de Private, en Alcalá de Henares - De San Bernardo/ ATLAS
Una mujer, con mascarilla y tacones, abre la puerta de un chalé en el barrio de El Viso. Bien podría ser una vivienda, pero el lugar se anuncia en internet como un centro de «masajes eróticos». Besos prohibidos, toma de temperatura, duchas antes y después... El protocolo «anticovid» también incluye un «Coronasutra»: las posturas sexuales recomendadas –no faciales– para evitar contagios. «Sí, cumplimos con todas las medidas», alcanza a decir la anfitriona, antes de cerrar la puerta apresuradamente: «Lo siento, no estoy autorizada a hablar». Sin embargo, aunque las precauciones contra el virus alcancen este opaco mundo, los rincones de la prostitucion estan en el punto de mira.
Tras un brote de Covid-19 en un local de alterne castellano manchego, la ministra de Igualdad, Irene Montero, pidió a las comunidades el cierre de los prostíbulos. Castilla-La Mancha y Cataluña ya lo hicieron; en la Comunidad de Madrid pensaron «tomar este tipo de decisiones sobre una actividad que no está reglada», como declaró a finales de agosto el consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero. Mientras, las mujeres que trabajan y, en ocasiones, viven en los locales de alterne temen un cierre inminente.
Luces rojas y azules envuelven el complejo Factory Air, que se vislumbra desde la carretera de Zaragoza. Mitad discoteca (con un aforo de 600 personas), mitad hotel, es el hogar de una treintena de mujeres. «Con el confinamiento, como muchas son extranjeras, no cerramos, las dejamos aquí y corrimos con todos los gastos», asegura el encargado, que prefiere mantener el anonimato. Un segundo cierre complicaría la situación: ni el propietario ni las mujeres tienen recursos para hacerle frente.

La segunda parada de los clientes del bar D’Angelo, un hotel con suites - De San Bernardo
Por ahora, pueden continuar con su actividad, pero el lugar está a medio gas, sometido a las últimas restricciones que clausuran el ocio nocturno a la una de la madrugada. «Con la reducción del horario, decidimos cerrar la discoteca, tampoco venía mucha gente», cuenta el encargado. «No entiendo que la tomen con nosotros, no es distinto a que dos se conozcan por la noche y se vayan a un hotel», añade.
Traslado a las calles

Sabrina Sánchez tiene 39 años y es prostituta. «Esta situación no es nueva, lo venimos padeciendo desde el inicio del confinamiento. Los prostíbulos tienen que abrir para poder pagar deudas y poder sobrevivir», esgrime, en conversación telefónica con ABC. Sánchez es portavoz de la Organización de Trabajadoras Sexuales (Otras), que hace un mes demandó a la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, ayudas económicas en caso de que decretara el cierre de los locales de alterne. «Que piensen qué solución habitacional y de ingresos mínimos van a ofrecer», solicita.
No obstante, aunque los prostíbulos echaran el candado, la actividad se trasladaría a las calles y a viviendas. «Es evidente. Una tiene que sobrevivir, enviar dinero a su país, llevar comida a la mesa», declara esta venezolana, que hace 14 años que reside en España. La solución, según dice, pasa por «decriminalizar» su situación. «El problema social y económico no lo tendríamos si pudiéramos ser contratadas», zanja.
En la otra orilla, aunque con demandas similares, se encuentra Rocío Mora, directora de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida (Apramp). «El cierre de los prostíbulos haría que las mafias se trasladaran a otros sitios. Es una medida que aplaudimos, pero tiene que ir acompañada de alternativas reales para estas mujeres», pide Mora. Su asociación ha atendido en la región a 1.228 mujeres durante los últimos meses.
Una joven limpia la ventana de una habitación del hotel Factory Air, en Barajas - De San Bernardo
La pandemia también ha hecho mella en los propios clubes, que tienen que asumir los gastos de los locales y de sus trabajadores en nómina. «Abrir hasta la una es la ruina, a partir de esa hora viene la gente», afirma Manuel (nombre ficticio), uno de los trabajadores de Private, en Alcalá de Henares. Según dice, la facturación se ha desplomado un 60 por ciento. Este local de alterne solo mantiene abierta la terraza, donde una decena de mujeres ven pasar el tiempo. De hecho, muchos clubes de la capital han preferido cerrar, como los ubicados en las calles perpendiculares a la Gran Vía (El Papillon, Poupee, New Girls...).
Sexo, ¿sin contagio?

D’Angelo, en un costado del paseo de la Castellana, sirve copas a las meretrices y sus clientes desde 1977. A pocos metros de su puerta, un segundo local, del mismo propietario, da paso a un hotel de luz tenue y amplias habitaciones. «Lo que pedimos es seguir, de forma salubre. Si no, seguirá en las casas, en chalés, donde no hay medidas higiénicas», afirma su encargado, Aarón Collado.
Un bote de gel hidroalcohólico, una alfombrilla desinfectante, una mujer y su ceñido vestido negro dan la bienvenida a sus puertas. Pero son las nueve de la noche y en la barra solo bebe un hombre, entre dos jóvenes que sonríen y acarician su camisa, mientras otras dos chicas descansan de brazos cruzados en un sofá. «Hay mucho desconocimiento con la prostitución, ellas vienen porque quieren, nadie las obliga», asevera Collado. La crisis sanitaria ha cambiado las cosas. «Ellas tienen miedo. Normalmente aquí hay treinta chicas», dice.

En un prostíbulo en pleno centro de Alcalá de Henares, que funciona con una licencia de espectáculo y hospedaje, una hilera de mujeres aguardan con mascarilla a clientes que no llegan. «Claro que tenemos miedo al virus, pero en todos lados está complicado», dice una joven venezolana de 22 años. «Limpiamos más las habitaciones», dice otra. Su «profesión», no obstante, requiere contacto físico directo.
«Aquí hay que pasar por eso», asevera la camarera del local, al tiempo que señala una pistola para medir la temperatura. Los pocos que acuden estos días son «clientes habituales», afirma, como si eso evitase la propagación del virus. Minutos después aparece uno de ellos, que pide una copa y se dispone a charlar con las mujeres. «Es la primera vez que vengo desde el confinamiento, a ver a una chica, pero hoy no está», se resigna.
«Tomamos las medidas higiénicas que podemos. Varias nos hemos comprado termómetros, limpiamos más a menudo... Igual que preservativos, nos podrían dar test rápidos», cuenta Sánchez, por teléfono. Pero no trabaja tanto como antaño. «La gente piensa que los puteros son unos inconscientes, que solo quieren... Pero son los hombres con los que convivimos todos los días, tienen familias y la mayoría de nuestros clientes son mayores y son población de riesgo», afirma
Cris de Quiroga
https://www.abc.es/espana/abci-retoman-negociaciones-para-prorroga-erte-202009140857_video.html