sábado, 16 de febrero de 2019

Condenan a los padres de dos niñas del Levante UD que difundieron la foto de una compañera desnuda

·       La juez condena a indemnizar con 3.000 euros al Levante UD, junto a los padres de las dos futbolistas menores que difundieron la imagen en redes sociales
·       Los hechos se remontan a 2016 cuando la víctima tenía 13 años
Jugadoras del Infantil del Levante UD, en un partido de Liga. EM. Foto articulo
La juez condena a indemnizar con 3.000 euros al Levante UD, junto a los padres de las dos futbolistas menores que difundieron la imagen en redes sociales
Los hechos se remontan a 2016 cuando la víctima tenía 13 años
El Juzgado de Primera Instancia 21 de Valencia ha condenado a los padres de dos jugadoras del infantil del Levante UD que fotografiaron desnuda en la ducha a otra compañera del equipo y luego lo difundieron en redes sociales, según informa este miércoles el diario Levante EMV. Justifica su fallo la Sala, tras condenar a los progenitores de las infractoras y al club, por ser "responsables de los daños causados por los hijos que se encuentren bajo su guarda".
El castigo al club se debe por "no emplear la diligencia de un buen padre de familia" así como permitir que dos de sus futbolistas fotografiaran en a su víctima cuando dada su edad "requieren de un plus de control o tutela de sus actos", según detalla la condena publicada por el citado diario.
Foto Internet
Por su parte, el Levante UD alegó en su defensa que los hechos se produjeron en los vestuarios del Picassent, fuera de su competencia, y que tal y como establece el reglamento de régimen interno del club azulgrana, los teléfonos deben estar "apagados en el vestuario". Igualmente, los servicios jurídicos del Levante UD sostuvieron que en cuanto tuvieron constancia de lo ocurrido pusieron en marcha el protocolo sancionador al considerar los hechos como "muy graves". No obstante, a las jugadoras que vulneraron el reglamento de régimen interno se las sancionó solo con dos partidos de expulsión.
La juez condena a indemnizar con 3.000 euros al Levante, junto a los padres de las dos futbolistas del infantil. La víctima fue una ex jugadora de trece años. Sus compañeras, de su misma edad y que no pueden ser imputadas penalmente, difundieron la imagen de su compañera en la ducha en redes sociales a otros compañeros en abril de 2016.

viernes, 15 de febrero de 2019

Así afecta ver porno en la adolescencia

Los niños menores de doce años que han visto pornografía son, estadísticamente, más propensos a agredir sexualmente a sus compañeros

Foto articulo
Prohibírselo no es la solución; mejor es educar para que sepan qué aceptar y qué rechazar
La exposición temprana a la pornografía y su efectos en las relaciones afectivas y sexuales en la adolescencia es una de las mayores preocupaciones de los padres, madres y de la sociedad general. Sin embargo, ¿tomamos las suficientes medidas para que esto no suceda? ¿Conocemos cómo configurar los dispositivos con acceso a internet como el control parental o el 'rating' de edad?
Y, ¿realmente tanto control es necesario? ¿Quizá sería suficiente con una adecuada educación sexual a tiempo, dentro y fuera de la familia? Si te has preguntado esto alguna vez, no pierdas detalle.
Los datos más relevantes
En una encuesta realizada en 2010 a estudiantes de entre 14 y 16 años de edad, casi un tercio afirmó que su primera exposición a la pornografía en Internet fue con 10 años o menos y en 2011, el 31% de los adolescentes varones admitieron visitar sitios web que estaban destinados solo para adultos, según publicó en 2016 el Colegio Americano de Pediatras.
Este dato parece compartirse desde el proveedor de ciberseguridad Bitdefender, que estima que el 10% de accesos al porno en internet son realizados por menores de 10 años, pese a solicitarse la mayoría de edad. En cuanto a la pubertad y adolescencia, el 53,5% de españoles de entre 14 y 17 años suele ver porno en internet, según la Asociación Protégeles, mientras que los menores de 11 y 12 años, reciben contenidos sexuales en el móvil en un 4,1%.
En relación al género, un 85% de varones y un 50% de mujeres adolescentes habrían estado expuestos a material pornográfico, según determinaron los investigadores Braun-Courville, D. y Rojas, M., en su estudio "Exposición a sitios web sexualmente explícitos y actitudes y conductas sexuales de adolescentes", publicado en el Journal of Adolescent Health en 2009.
En cuanto al consumo adulto, en 2016 España consiguió la decimotercera posición en el ranking de países que más porno veían, según datos de Pornhub. Siendo realmente alarmante, que la tercera categoría más buscada fue Teen o adolescentes, aunque la actuación correspondiera a actores mayores de 18 años, representando personajes con características adolescentes.
Exposición temprana
Ya en 2009, el doctor Michael Flood , afirmó que "los niños de la escuela primaria a veces están expuestos a la pornografía accidentalmente cuando ven material en Internet", en su estudio 'Los daños de la exposición a la pornografía entre niños y jóvenes'. Y de esto han pasado 10 años. Una década donde cada vez los menores manejan mejor internet, la 'tablet' y los 'smartphones'. En muchos casos mejor que su entorno adulto, el cual desconoce lo que ha de hacer para evitar que sus hijos e hijas se expongan a contenidos no aptos para su edad y madurez mental y emocional.
Si bien la pornografía en la red es de fácil acceso, incluso aunque no la vayamos buscando, también es cierto que los adultos, generalmente, carecemos de una cultura de protección ante amenazas cibernéticas.
La mayoría de progenitores se preocupan únicamente de instalar un antivirus y comprobar el historial de navegación del ordenador doméstico, denotando una gran desinformación y quizá, falta de interés, en relación a las configuraciones avanzadas de los dispositivos (ordenadores, tablets y móviles), por considerarlos inocuos. 
Esto conlleva dejar el uso completamente abierto de estos equipos en manos de los menores.
Conocer que se pueden limitar las funciones de los móviles asignados a menores, el contenido de los sitios que visitan, el rating de los formatos media que consumen, que las smartTV tienen PIN o que los router se pueden configurar para que a determinadas horas no haya internet, sería interesante.
Tengamos en cuenta que la exposición a la pornografía en estas edades tempranas a menudo genera ansiedad para el niño, como afirmó el doctor Flood. Pudiendo expresar disgusto, conmoción, enojo, vergüenza, miedo o tristeza después de ver pornografía. E incluso sufrir todos los síntomas asociados a la ansiedad y depresión. Incluso obsesionarse con la realización de los actos sexuales adultos que hayan visto.
Además, los niños menores de doce años que han visto pornografía son, estadísticamente, más propensos a agredir sexualmente a sus compañeros, según los estudios de Jill Manning, publicados en su investigación 'El impacto de la pornografía en Internet sobre el matrimonio y la familia: una revisión de la investigación'.
¿Distorsiona la visión del sexo en los adolescentes?
"La pornografía y contenidos sexuales cargados de violencia, en los que los roles de género suelen estar determinados por la desigualdad de poder, pueden afectar a su comprensión de las relaciones personales", afirma Cristina Sanjuán Vázquez, Técnico de Políticas de Infancia en Save the Children España.
Por lo tanto, en mentes aún no formadas sobre sexualidad y relaciones afectivas, podría generar confusión sobre cómo ha de tratarse una mujer al practicar sexo y cómo han de tratarnos los hombres. La aceptación de estos roles, basados en películas de ficción, no en relaciones sexuales reales es preocupante. Aunque existan diversos tipos de pornografía, en el convencional y más extendido, se distorsionan tamaños, el funcionamiento sexual natural de nuestro organismo e incluso se fomentan prácticas de riesgo, al no mostrarse el usos del preservativo. Mostrando modelos nada representativos de los cuerpos diversos y sus formas de relación.
Sin embargo, existirían factores de riesgo previos para que esta exposición generase conductas agresivas en sus relaciones con otras personas y de género. Neil Malamuth, de la Universidad de California, asemejó el uso de la pornografía al del consumo del alcohol, alegando que, si una persona sexualmente agresiva de base, consumía una gran cantidad de porno convencional, era más propensa a cometer actos sexualmente agresivos. Este mismo hecho sucedería, por tanto, de manera muy similar cuando esa persona visionase películas de acción comercial, donde se muestran conductas agresivas e imágenes violentas.
Sin embargo, los micromachismos, las relaciones de desigualdad entre géneros y la educación emocional diferenciada entre hombres y mujeres, son factores de riesgo socialmente aceptados actualmente en diversas áreas, y suficientes para generar comportamientos agresivos hacia las mujeres. Si a esto le sumamos un tipo de pornografía que muestra modelos que perpetúan todo esto y a la inmadurez de la mente adolescente, el daño podría ser aún mayor.
Cómo abordarlo en la familia
Aunque, tras conocer todos estos datos, la solución más acertada pareciera ser la prohibición, no lo es. Habría que gestionar y adecuar la información que le llega a la infancia y adolescencia, por supuesto. Sin embargo, la curiosidad aumenta cuanto más se aproxima la adolescencia y se desea conocer lo que se ha prohibido. Por tanto, prohibiendo, sin más, no les estamos ayudando.
La educación afectivo-sexual sería clave para que, con nuestra ayuda, sepan qué aceptar y qué rechazar, apunta Sanjuán. La temida conversación con los hijos e hijas sobre pornografía, no resultará tan compleja si se ha iniciado la educación sexual en familia desde la infancia.
Informarnos y ofrecerles confianza para que puedan consultarnos cualquier cosa y responder con naturalidad, tanto en familia como a nivel académico, es fundamental para desmitificar y prevenir malos entendidos al presenciar pornografía.
Ana Sierra es sexóloga

jueves, 14 de febrero de 2019

El Imperio romano cayó por el cambio climático

Una pequeña edad del hielo fue el detonante de la debacle de Roma, afirma el historiador Kyle Harper, que también apunta a la peste como elemento clave: "Los gérmenes fueron más mortíferos que los germanos"
Fotograma de la película 'La caída del Imperio romano'. MUNDO
Para explicar las causas de la caída del Imperio romano se han elaborado todo tipo de teorías, hipótesis y conjeturas, incluido el papel de una aldea poblada por irreductibles galos y la poción mágica que los hacía invencibles. Las culpas suelen repartirse entre las luchas internas por el poder, el empuje de los bárbaros, el tamaño de la población o una economía insostenible. En los últimos años, algunos estudiosos están encontrando otros culpables gracias a la confluencia de disciplinas como la estadística, la paleoclimatología y la paleogenética.
Kyle Harper, profesor, vicepresidente y rector del departamento Classics and Letters de la Universidad de Oklahoma, ha aportado su propia teoría en El fatal destino de Roma (Crítica), «una crónica de cómo una de las civilizaciones más célebres de la Historia descubrió que su dominio sobre la naturaleza era más incierto de lo que había imaginado».
Como apunta Harper en las primeras páginas del libro, un clasicista alemán llegó a catalogar 210 hipótesis sobre la caída del Imperio romano, a la que ahora habría que añadir la que supone la 211. Si Edward Gibbon, el gran historiador inglés, apuntaba que «la caída de Roma fue el efecto natural e inevitable de una grandeza desmesurada», Harper asegura que «la abrumadora fuerza de la naturaleza exige que la incluyamos en la Historia». Ambas variables, la superpoblación (hasta 75 millones de personas en el siglo II estaban bajo el paraguas del Imperio) y la alianza entre la climatología, los fenómenos naturales y la peste bubónica serían los verdaderos desencadenantes del derrumbe definitivo del dominio romano.
A través de la investigación de archivos naturales como núcleos de hielo, piedras rupestres, anillos de árboles, depósitos de lagos y sedimentos marinos, en los últimos años se ha establecido la existencia de lo que se conoce como pequeña edad de hielo de la antigüedad tardía, un enfriamiento de larga duración que fue seguido por tres grandes erupciones volcánicas entre los años 536 y 547 d.C. El óptimo climático romano, «una fase de clima cálido, húmedo y estable en buena parte del corazón mediterráneo del Imperio» contribuyó a la abundancia de las cosechas y a la prosperidad de la economía, pero acabó abruptamente por culpa de las partículas de ceniza, la reducción de la energía solar que llegaba a la Tierra y la brusca y prolongada caída de las temperaturas.
El clima por sí solo habría sido decisivo, pero aliado con otro agente letal como la peste de Justiniano causó el pánico ante lo que los propios romanos llegaron a considerar como el fin del mundo. Un apocalipsis a pequeña escala que acabó con la vida de millones de personas. 
Para conocer cómo se propagó la enfermedad, Harper llega a establecer un atlas de las ratas, causantes de la rápida transmisión de la pandemia, y se apoya en la genética para descubrir por qué «los gérmenes fueron más mortíferos que los germanos». Gracias a los avances científicos «ahora tenemos el genoma completo» del evento más mortal de la Historia de la Humanidad hasta esa fecha. «Los arqueólogos y genetistas no sólo han utilizado el ADN para identificar el patógeno, sino también para ayudarnos a comprender su historia evolutiva», concluye.
Como señala en el libro, «los romanos construyeron un imperio interconectado y urbanizado en los límites de los trópicos y con tentáculos que se extendían por todo el mundo conocido». Así, las calzadas romanas y las rutas marítimas por el Mediterráneo no solo sirvieron para fomentar el comercio y la distribución de materias primas, sino para «crear una ecología de enfermedades que desencadenó el poder latente de la evolución de los patógenos».
A través de una detallada sucesión de acontecimientos, Harper va desmadejando los hilos que tejieron la caída. Y lo hace a través de una integración de las ciencias naturales, sociales y humanísticas (denominada consiliencia), favorecida por el papel de la Iniciativa por la Ciencia del Pasado Humano, dependiente de Harvard y con la que Harper colabora junto a otros científicos, historiadores y arqueólogos. «El trabajo interdisciplinario es duro. Se necesita compromiso, paciencia y un espíritu colaborativo. Pero es mucho lo que se puede lograr cuando personas con diferente formación se reúnen para trabajar en problemas históricos complejos». 
Este tipo de investigaciones están aportando nuevos enfoques y lo seguirán haciendo en los próximos años. «Seguiremos aprendiendo mucho sobre la historia biológica de Roma. ¿Cuánto gente emigró? ¿De qué murieron? ¿En qué se diferenciaba la salud en las diferentes provincias?».
Todas las civilizaciones posteriores a la romana la han utilizado «como espejo y medida», planteándose dos cuestiones fundamentales: ¿cómo consiguió el Imperio durar tanto tiempo y por qué acabó cayendo? «Inevitablemente», señala Harper, «vemos algo de nosotros mismos en los romanos». Y deberíamos tomar nota de sus errores, saber que la naturaleza puede echar todo al traste en un abrir y cerrar de ojos, con nuestra inestimable colaboración.
«El cambio climático es una crisis para la Humanidad y el problema de las enfermedades infecciosas podría empeorar fácilmente en lugar de mejorar. Aunque se está avanzando mucho, los patógenos siguen evolucionando y la resistencia a los medicamentos es un problema real al que tenemos que hacer frente», concluye Harper. Nuestra historia, conviene no olvidarlo, puede ayudar a alertarnos sobre la complejidad del mundo natural que habitamos.
ISMAEL MARINERO

miércoles, 13 de febrero de 2019

Dos años de cárcel por “matar a un ladrón” al que golpeó por quitarle el bolso a una mujer en Fuengirola

También se le condena a una indemnización de 180.000 euros por un delito de homicidio por imprudencia grave
Un joven ha sido condenado a dos años de cárcel por matar, tras un forcejeo, a un ladrón que le había arrebatado el bolso a una mujer que se dirigía a su trabajo.
La sentencia del Juzgado de lo Penal número 9 de Málaga, a la que ha tenido acceso Efe, le condena también a una indemnización de 180.000 euros por un delito de homicidio por imprudencia grave.
El abogado defensor, Alfredo Herrera Rueda, ha asegurado que lamenta la sentencia ya que se da un «mal mensaje» a la sociedad en la que se criminaliza y castiga una conducta solidaria y hace pensar que, ante una situación como ésa, «lo mejor es mirar para otro lado y no complicarse la vida».
Los hechos se remontan al 8 de febrero de 2015, cuando sobre las 7.45 horas una mujer iba camino a su trabajo en el Hotel Las Palmeras, de Fuengirola (Málaga), para ejercer sus funciones de limpiadora.
La víctima fue golpeada por el ahora fallecido y su pareja para arrebatarle el bolso, momento en que el acusado, que acababa de salir del trabajo e iba con dos compañeras, salió corriendo tras el ladrón tras las llamadas de auxilio de la misma y, tras darle alcance, se produjo un forcejeo entre ambos.
El magistrado considera probado que existió el forcejeo y que el acusado le propinó dos puñetazos al delincuente y le provocó una caída al suelo y un traumatismo craneoencefálico con hemorragia cerebral que le causó la muerte dos días más tarde.
Para el juez, el acusado «fue consciente las graves consecuencias que podría causar con su acción, aunque sin pretender ni consentir la efectiva producción de la mismas» y, por ello, califica los hechos de «imprudencia grave» por la omisión «de precauciones básicas y elementales».
El abogado, que recurrirá la sentencia, ha lamentado esa argumentación y ha afirmado que se le exige al ciudadano «una previsión de lo que pueda ocurrir al intentar ayudar a una persona desvalida que está siendo apaleada para robarle el bolso".
Ha criticado que «ese mismo Estado, que ahora castiga su conducta solidaria con una condena de dos años de prisión y una descomunal indemnización de 180.000 euros a favor de las hijas del fallecido y de las que él nunca se había ocupado, no ha tenido la previsión de llevar a efecto una orden de busca y captura vigente desde hace mucho tiempo contra el agresor».
Para el abogado, fue un golpe que tuvo unas consecuencias impredecibles, y ha subrayado que en una persona sin los antecedentes de alcoholismo y drogadicción como los de la víctima, no hubieran tenido esas «trágicas, fatales e indeseadas consecuencias».

martes, 12 de febrero de 2019

Una empresa busca probador de almohadas por 1.200 euros al mes

·       La compañía especializada en descanso Koala Rest ofrece este empleo durante tres meses
Son muchos los estudios que se han realizado acerca del número de horas recomendable para dormir. Seis, siete, ocho o incluso nueve horas, lo cierto es que según la persona se necesita una cantidad u otra para que logre rendir en su puesto de trabajo. Sin embargo, ahora se puede trabajar durmiendo, un sueño hecho realidad para todos aquellos que les cuesta despegarse de las sábanas cada mañana.
En concreto, la empresa especializada en descanso Koala Rest busca a una persona en España para que pruebe durante tres meses sus almohadas. «Nuestro objetivo es que esta persona descanse con los productos que estamos testando y que luego los evalúe para ayudarnos a mejorar la calidad del producto que desarrollamos y que acabará por convertirse en la almohada que comercializaremos a través de nuestra web», explica Bruno Madeira, cofundador de Koala Rest.
La persona seleccionada tendrá una remuneración de 1.200 euros por cada uno de los tres meses que durará el servicio. Su labor consistirá en dormir cada noche con un modelo diferente de almohada, tras lo cual, rellenará un cuestionario en el que recogerá cómo ha sido su experiencia. «Esta información nos permitirá mejorar el producto ya que tendremos en cuenta esa valoración para adaptar la almohada a su uso», detalla Bruno.
Para poder aplicar a este puesto de trabajo, los candidatos deben entrar en la web de la compañía, y enviar la solicitud en el apartado «Reclutamiento».
 El proceso de recepción de candidaturas estará abierto hasta el próximo 28 de febrero. Tras ello, la compañía analizará las candidaturas recibidas y elegirá al que será su primer probador o probadora de almohadas en España.

lunes, 11 de febrero de 2019

Una pitón ataca a una mujer cuando estaba sentada en el váter

Una australiana de 59 años, se llevó un gran susto
Una mujer australiana se llevó un tremendo susto al recibir la mordedura de una pitón mientras estaba sentada en el retrete. Helen Richards, de 59 años, fue mordida por una pitón de alfombra de metro y medio en el baño de su casa en Brisbane, aunque por suerte la mordedura de este animal no es venenosa. 
"Salté del asiento con los pantalones bajados y cuando me giré para ver qué había ocurrido vi algo que parecía una tortuga de cuello largo dentro del inodoro", ha explicado la mujer. 

Jasmine Zeleny, la persona que sacó al animal del retrete, ha explicado que es muy común encontrarlas buscando agua en los inodoros durante las estaciones más secas: "Lo que seguramente ocurrió fue que la serpiente se asustó al no ver punto de salida cuando la señora se sentó".

domingo, 10 de febrero de 2019

Leyenda de una estatua inquietante

·       La reconocida clasicista Mary Beard recupera la historia de la primera estatua femenina desnuda para invitar a una reflexión sobre el consentimiento
Copia ubicada en el Museo Nazionale de Roma de la Afrodita de Cnido que hizo Praxíteles.
Los escritores griegos y romanos analizaron una y otra vez la idea de que la forma culminante de arte era una ilusión perfecta de la realidad, o, dicho de otro modo, que el logro artístico más elevado consistía en eliminar toda diferencia visible entre la imagen y su prototipo. En este sentido, hay una famosa anécdota que hace referencia a dos pintores rivales de finales del siglo V a. e. c. (antes de la era común), Zeuxis y Parrasio, que compitieron para decidir cuál de los dos era más hábil. Zeuxis pintó un racimo de uvas con tal realismo que los pájaros acudieron a picotear.
Aquella ilusión prometía alzarse con la victoria. Sin embargo, Parrasio pintó una cortina, y Zeuxis, envalentonado con su éxito, exigió que se corriese para mostrar la pintura que había debajo. Según Plinio, que fue quien narró la historia en su enciclopedia, Zeuxis enseguida se percató de su error y reconoció la victoria de su contrincante con estas palabras: “Yo engañé a los pájaros, pero Parrasio me engañó a mí”.
No ha quedado rastro de estas pinturas si es que alguna vez existieron más allá de la anécdota, pero sí que tenemos el testimonio de una estatua de mármol que fue objeto de una historia similar, aunque bastante más inquietante. Se trata de una escultura de Praxíteles realizada en torno a 330 a. e. c., una obra hoy comúnmente conocida como la Afrodita de Cnido, en alusión a la ciudad griega de la costa oeste de la moderna Turquía, que fue su primer hogar. En la Antigüedad se la consideró un hito del arte, porque era la primera estatua de una figura femenina desnuda de tamaño natural (técnicamente, en este caso, una diosa de apariencia humana), tras siglos en los que las esculturas de mujeres, como Frasiclea, se habían representado completamente vestidas. La original de Praxíteles se perdió hace tiempo; según relata una historia, fue llevada finalmente a Constantinopla, donde sucumbió pasto del fuego en el siglo V e. c. Pero era tan famosa que se hicieron centenares de versiones y réplicas a lo largo y ancho del mundo antiguo, de tamaño natural y en miniatura, incluso dibujada en monedas. Muchas de estas copias se han conservado.
En la actualidad resulta difícil ver más allá de la ubicuidad de estas imágenes de desnudos femeninos y recuperar el carácter osado y peligroso que debieron tener para los espectadores del siglo IV a. e. c., que no estaban en absoluto habituados a la exhibición pública de la carne femenina (en algunos lugares del mundo griego, las mujeres de verdad, por lo menos las de clase alta, iban cubiertas con un velo). Incluso la expresión “primer desnudo femenino” minimiza el impacto porque parece implicar una esperada evolución estética o estilística en ciernes. De hecho, fuera lo que fuese lo que impulsase el experimento de Praxíteles (que es otra “revolución del arte griego” cuyas causas no comprendemos del todo), lo que hacía era destruir los supuestos convencionales sobre arte y género del mismo modo en que después lo harían Marcel Duchamp o Tracey Emin, convirtiendo un orinal en una obra de arte en el caso de Duchamp, o en el de Emin, creando una tienda de campaña titulada Everyone I Have Ever Slept With. Por consiguiente, no es de extrañar que la ciudad griega de Cos, sita en una isla frente a la costa turca —el primer cliente al que Praxíteles ofreció su nueva Afrodita— dijera: “No, gracias”, y eligiera en su lugar una versión vestida exenta de riesgos.
El relato pone de manifiesto hasta qué punto puede el arte actuar de coartada ante lo que fue —reconozcámoslo— una violación
No obstante, la desnudez no era más que una parte de la cuestión. Aquella Afrodita era diferente desde un punto de vista decididamente erótico. Solamente las manos son ya una señal reveladora. ¿Están tratando recatadamente de tapar sus partes? ¿Acaso apuntan en dirección a lo que el espectador desea ver más que nada? ¿O son simplemente una provocación? Cualquiera que sea la respuesta, Praxíteles estableció esa tensa relación entre una estatua femenina y un supuesto espectador masculino, que ya nunca se ha desvinculado de la historia del arte europeo, una relación de la que eran muy conscientes algunos antiguos espectadores griegos, puesto que este aspecto de la escultura constituía el tema central de un relato memorable sobre un hombre que trataba a la diosa de mármol como si fuera una mujer de carne y hueso. Esta historia se narra de forma completa en un curioso ensayo escrito en torno a 300 e. c.
El autor cuenta lo que casi con toda seguridad es una discusión imaginaria entre tres hombres —­un célibe, un heterosexual y un homosexual— inmersos en una prolongada y resbaladiza polémica sobre qué clase de sexo es mejor. En plena disputa, llegan a Cnido y se encaminan hacia la mayor atracción de la ciudad, la famosa estatua de Afrodita en su templo. Mientras el heterosexual mira con lascivia su rostro y parte frontal, y el hombre que prefiere el amor de los muchachos escruta su parte trasera, descubren ambos una pequeña marca en el mármol en la parte superior del muslo de la estatua, en el interior cerca de las nalgas.
En calidad de conocedor de arte, el célibe empieza a alabar las virtudes de Praxíteles, que logró ocultar lo que parece una imperfección del mármol en un lugar tan discreto, pero la dama encargada de la custodia del templo lo interrumpe para señalar que detrás de aquella marca había algo mucho más siniestro. Explica que, una vez, un muchacho perdidamente enamorado de la estatua consiguió permanecer toda la noche encerrado con ella, y que la manchita es el único resto visible de su lujuria. El heterosexual y el homosexual declaran con júbilo que aquello demuestra su argumentación (uno señala que incluso una mujer de piedra podía levantar pasiones, mientras que el otro hace hincapié en que la ubicación de la mancha muestra que fue poseída por detrás, como si fuera un chico). Pero la vigilante insiste en la trágica secuela: el joven enloqueció y se arrojó por un acantilado.
Esta historia contiene varias lecciones incómodas: es un recordatorio de lo inquietantes que podían llegar a ser algunas de las implicaciones de la revolución del arte griego; de lo atractivo que resultaba difuminar los límites entre el mármol dotado de vida y la carne realmente viva; y, al mismo tiempo, del peligro y la locura que suponían. El relato pone de manifiesto hasta qué punto puede una estatua femenina volver loco a un hombre, pero también hasta qué punto puede el arte actuar de coartada ante lo que fue —reconozcámoslo— una violación. No olvidemos que Afrodita nunca consintió.
Mary Beard es catedrática de Estudios Clásicos en la Universidad de Cambridge y autora de ‘SPQR: Una historia de la antigua Roma’ (Crítica). Recibió en 2016 el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales. Su último libro, ‘La civilización en la mirada’ (Crítica), se publica en España el 5 de febrero.