miércoles, 7 de marzo de 2018

Hospitalizan a un hombre después de masturbarse con el estómago de un rape

·       Utilizó la víscera de este animal como guante y acabó cogiendo una infección en su miembro
Un rape, imagen de archivo - ABC
Un japonés acabó en el hospital después de masturbarse con el estómago de un rape. El hombre, que fue colgando cada paso de su peripecia en Internet, utilizó la víscera de este animal como guante y acabó cogiendo una infección gravísima.
En una serie de publicaciones en 2channel, el masturbador anónimo dijo que él trabaja con rape regularmente y quería masturbarse con el estómago del pez por «curiosidad», recoge el diario «Metro». Aunque este japonés tomó sus precauciones desinfectando cuidadosamente el estómago del pez con sal y etanol antes de frotarlo contra su pene, la experiencia no fue del todo satisfactoria.
El japonés envolvió su mano con el estómago del rape - Asia Wire
En una de las publicaciones que subió a Internet, este onanista mostró su mano envuelta con el estómago del animal y un breve mensaje: «Ahora me quito los pantalones».
Más tarde acabó revelando su traslado al hospital como consecuencia de un intenso dolor en el pene. Por lo visto, los médicos le diagnosticaron una inflamación en la uretra y lo sometieron a un tratamiento con antibióticos. Se cree que cogió una infección parasitaria durante su masturbación.
El hombre explicó que también debe aplicarse una crema en el miembro para eliminar la sensación de escozor que le provoca ir al baño. A pesar de estas penurias, el japonés ha dicho estar ansioso por probar ahora con un calamar muerto.
ABC.es

martes, 6 de marzo de 2018

El pueblo de Francia donde no llueve por ley

*Challans, una localidad francesa en la que lluvia es habitual, ha logrado que no caiga una gota desde el pasado 14 de febrero gracias a un decreto aprobado por el alcalde
Challans, una localidad francesa en la que lluvia es habitual, ha logrado que no caiga una gota desde el pasado 14 de febrero gracias a un decreto aprobado por el alcalde, Serge Rondeau, que obliga al sol a «presentarse cada mañana».
«El sol tiene la obligación de presentarse cada mañana, de lunes a domingo, en la ciudad de Challans, y por extensión en todo el departamento de la Vendée», reza el ya célebre texto, que precisa que la lluvia solo está autorizada tres noches por semana «para mantener el nivel de la capa freática».
En declaraciones a Efe, Rondeau, regidor independiente de centroderecha, relató que todo comenzó cuando una compañera le propuso hacer algo para mejorar el tiempo, a lo que él respondió animándola a escribir un texto que finalmente él acabó firmando, «a modo de broma». «Todo debía terminar ahí, pero el administrador de la web decidió subir una imagen a las redes sociales», contó entre risas este alcalde, que ha recibido mensajes desde Sri Lanka o Argentina en los que le proponen cederle un poco de sol a cambio de lluvia.
Ubicación de Challans - G. Maps
Aunque algunos criticaron su «falta de seriedad», el mandatario de esta ciudad de 20.000 habitantes insistió en que la norma ha sido bien acogida por la mayoría, y aclaró que no tiene «poderes sobrenaturales», ya que, de ser así, los utilizaría para asuntos más graves.
«Solo espero que no tengamos que abrir un juicio cuando vuelva la lluvia», bromeó hoy Rondeau, cuya localidad, situada en la fachada atlántica de Francia, en el oeste del país, es habitualmente lluviosa.
Efe
París

lunes, 5 de marzo de 2018

Kintsugi, la belleza de las cicatrices de la vida

El ‘kintsugi’ es una técnica centenaria de Japón que consiste en reparar las piezas de cerámica rotas y que ha acabado convirtiéndose en una filosofía de vida. Frente a las adversidades y errores, hay que saber recuperarse y sobrellevar las cicatrices.
Ilustración de diego mir
EN UNA ÉPOCA dominada por el consumismo y la obsolescencia programada, lo más probable es que si una mañana te levantas con el pie cambiado y, en un tropiezo, se te cae la taza del desayuno, te resignes a recoger sus pedazos y los tires a la basura sin más. Algo impensable en Japón. Hace cinco siglos, surgió en el lejano Oriente el kintsugi, una apreciada técnica artesanal con el fin de reparar un cuenco de cerámica roto. Su propietario, el según Ashikaga Yoshimasa, muy apegado a ese objeto indispensable para la ceremonia del té, lo mandó a arreglar a China, donde se limitaron a asegurarlo con unas burdas grapas. No contento con el resultado, el señor feudal recurrió a los artesanos de su país, que dieron finalmente con una solución atractiva y duradera. Mediante el encaje y la unión de los fragmentos con un barniz espolvoreado de oro, la cerámica recuperó su forma original, si bien las cicatrices doradas y visibles transformaron su esencia estética, evocando el desgaste que el tiempo obra sobre las cosas físicas, la mutabilidad de la identidad y el valor de la imperfección. Así que, en lugar de disimular las líneas de rotura, las piezas tratadas con este método exhiben las heridas de su pasado, con lo que adquieren una nueva vida. Se vuelven únicas y, por lo tanto, ganan en belleza y hondura. Se da el caso de que algunos objetos tratados con el método tradicional del kintsugi —también conocido como “carpintería de oro”— han llegado a ser más preciados que antes de romperse. Así que esta técnica se ha convertido en una potente metáfora de la importancia de la resistencia y del amor propio frente a las adversidades.
El ‘kintsugi’ evoca el desgaste que el tiempo obra sobre las cosas físicas y otorga valor a nuestras imperfecciones
La filosofía vinculada al kintsugi se puede extrapolar a nuestra vida actual, colmada de ansias de perfección. A lo largo del tiempo conocemos fracasos, desengaños y pérdidas. Con todo, aspiramos a esconder nuestra naturaleza frágil, esa que nos hace más humanos y auténticos, bajo la máscara de la infalibilidad y éxito. Se ocultan los defectos, aunque desde que nacemos nos recorre una grieta. Adam Soboczynski apunta en El arte de no decir la verdad (Anagrama) que hemos aprendido a camuflar “con gran esfuerzo, y manteniendo la compostura, incluso la más terrible de las conmociones que nos golpean”.
Ilustración de diego mir
Somos vulnerables no solo física, sino también psíquicamente. Cuando las adversidades nos superan, nos sentimos rotos. A veces, es el azar el que nos lleva al punto de ruptura; otras, somos nosotros mismos, con nuestras elevadas expectativas no cumplidas y la avidez de novedad, los que nos metemos en el hoyo. El filósofo Josep María Esquirol defiende que “la memoria y la imaginación son las mejores armas del resistente”. Como animales dotados de creatividad, tenemos una poderosa herramienta en la capacidad de concebir alternativas a la realidad. Pero cuando soplan malos vientos, ¿qué más nos ayuda a resistir la embestida? La respuesta es, según la escritora Joan Didion, el verdadero amor propio. La gente con esta cualidad “es dura, tiene algo así como agallas morales; hace gala de eso que antes se llamaba carácter”. Y el logro de una vida plena pasa, además, por librarse de las expectativas ajenas y dejar atrás la compulsión de agradar.
Foto Internet
No hay recomposición ni resurgimiento sin paciencia. En el kintsugi, el proceso de secado es un factor determinante. La resina tarda semanas, a veces meses, en endurecerse. Es lo que garantiza su cohesión y durabilidad. Entre los cultivadores de la paciencia, Kafka ocupa un lugar privilegiado. Para él, la capacidad de saber sufrir y de tolerar infortunios era la clave para afrontar cualquier situación. Un día, mientras paseaba con un amigo, le dio este consejo: “Hay que dejarse llevar por todo, entregarse a todo, pero al mismo tiempo conservar la calma y tener paciencia. Solo hay una forma de superación que empieza con superarse a sí mismo”. La receta para vivir del autor de El proceso es sencilla, pero no por ello menos difícil: “Tenemos que absorberlo todo pacientemente en nuestro interior y crecer”.
Saber valorar lo que se rompe en nosotros nos aporta una serenidad objetiva. Apreciémonos como somos: rotos y nuevos, únicos, irreemplazables, en permanente cambio. 

domingo, 4 de marzo de 2018

El erotismo y la censura en tiempos de Facebook

En los últimos meses han saltado varios casos de intento de censura, dentro y fuera de las redes sociales, de artistas consagrados y provocativos como Balthus, Schiele o Courbet: ¿Nos estamos volviendo demasiado pacatos?
Los desnudos de Schiele todavía levantan ampollas. Las autoridades de Reino Unido y Alemania no quieren exponerlos en sus espacios públicos para celebrar su centenario. ¿El motivo? Que los cuadros del pintor vienés son demasiado escandalosos y provocadores. «Pornográficos», según la alcaldía de Londres. Como respuesta, la Oficina de Turismo de Viena, impulsora de la iniciativa, decidió colgar las obras del artista tapando las partes «polémicas» de sus modelos con un letrero-denuncia: «Cien años ya, pero aún demasiado atrevido». La historia no pasaría de la anécdota si no fuera porque ha coincido en el tiempo con un intento de retirar una obra de Balthus del Metropolitan de Nueva York –por mostrar a una adolescente en posición sensual– y con varios casos en los que Facebook ha censurado obras de arte con desnudos, la última una escultura de hace 30.000 años. Así, la protesta por Schiele se convierte en pregunta: ¿Nos estamos volviendo demasiado pacatos?
Los desnudos de Schiele, con su cartel protesta por la censura - Twitter
Si acudimos a la normativa de Facebook habría pocas dudas a la hora de responder, pues ahí parece reinar la máxima de que sin tetas sí hay paraíso. La compañía de Mark Zuckerberg no permite imágenes de desnudos y rara vez hace excepciones, seas Amadeo Modigliani, Gustave Courbet, un anónimo escultor del paleolítico. Esos son, precisamente, autores censurados en una red social especialmente estricta con el erotismo. Ya lo advierte en sus mandamientos, ese texto mastodóntico que casi nadie lee antes de registrarse: «No publicarás contenido que resulte intimidatorio, de carácter pornográfico, que incite a la violencia, que contenga desnudos o violencia gráfica o gratuita, ni emplearás un lenguaje que incite al odio».
Para que se cumpla esta normativa existe un algoritmo tan opaco como estricto, que va cazando pechos y otras intimidades entre los millones de imágenes que se suben a esta comunidad. Hay, además, un equipo de censores que, según anunció Mark Zuckerberg en mayo del año pasado, este 2018 crecerá hasta los 7.500 efectivos. Y eso para los más de 2.000 millones de usuarios únicos que la red social registra cada mes. En un reportaje publicado por el diario «The Guardian», que analizaba el sistema de censura de Facebook, varios empleados reconocían estar abrumados por el volumen de trabajo y confesaban que, en muchos casos, «solo tenían 10 segundos» para tomar una decisión.
De hecho, en el mismo reportaje se subrayan incoherencias entre lo estricto en temas de sexualidad y la «manga ancha» con la exhibición de armas, por ejemplo. «Lo mismo ocurre con las superproducciones de Hollywood. Normalmente no ves ni un pecho. ¿Por qué? Por factores comerciales. En cambio no hay limitaciones de edad, que yo sepa, para ver una ametralladora, un tanque, un arma» señala Javier Gomá Lanzón, escritor, ensayista y director de la Fundación Juan March.
La Venus de Willendorf
Así, asistimos a excentricidades como eliminar por «pornográfica» la célebre Venus de Willendorf, una escultura del paleolítico que está en las antípodas del erotismo contemporáneo. La usuaria, Laura Ghianda, había intentado hacer un anuncio con la escultura, pero la compañía no lo aprobó. Tras la polémica decisión, la empresa terminó retractándose. Aun así, un portavoz de Facebook subraya en declaraciones a ABC que su política de publicidad no permite «el desnudo ni el desnudo sugerido». «Pero hacemos una excepción con las esculturas. Por lo tanto, el anuncio con esta imagen ha sido aprobado. Nos disculpamos por el error», zanja.
Por un caso similar –desconectar la cuenta de un usuario galo que había compartido la pintura de Gustave Courbet «El origen del mundo» en febrero de 2011– la compañía ya ha ido a juicio en Francia. Sobre este acontecimiento también han cambiado su postura, reconociendo el error. «“El origen del mundo” es una pintura extremadamente significativa, que encuentra su sitio perfecto aquí. Para nosotros es importante que Facebook siga siendo un lugar de acceso a la cultura», afirma Delphine Reyre, directora de asuntos públicos de Facebook en Europa.
«El origen del mundo», de Gustave Courbet-WP
Y también hay polémicas más allá de la pintura. El año pasado, la fotógrafa belga Marijke Thoen capturó una imagen de un parto en agua y decidió publicarla en Facebook, pero para su sorpresa esa imagen fue censurada por la red social por ser demasiado explícita. Incluso llegaron a bloquear su cuenta. Y otra vez la compañía reculó y rehabilitó la publicación. Lo mismo ocurrió, por cierto, con una instantánea firmada por Jade Beall que mostraba a un grupo de madres dándoles el pecho a sus hijos y fue eliminada por resultar «ofensiva y vulgar». Después de varios casos más, el propio Mark Zuckerberg se comprometió con la visibilización de la lactancia materna y esas polémicas han desaparecido, como las de las mujeres con mastectomías, que hasta el año pasado no podían subir fotos de sus operaciones.
Entonces, ¿somos más pacatos ahora o estamos solo ante una suma de casos aislados y anecdóticos? «Son casos aislados que tienen más eco debido a las redes sociales», sostiene Guillermo Solana, director artístico del museo Thyssen. «Yo no creo que ahora haya más puritanismo, sino que a los medios les fascinan estos casos aislados de radicalismo puritano. Como nos fascinan a todos, porque son estrafalarios», añade. Así, respecto a la polémica de Facebook recuerda que las redes sociales tienen que funcionar para un público muy amplio, por lo que tienen que evitar herir cualquier tipo de sensibilidad. «Entre el público general hay mucha gente que les gustaría demandarles por pornografía o lo que sea», apunta.
¿Y fuera de las redes sociales? Ahí están Balthus y Schiele… «Realmente lo de Balthus fue una petición individual, pero no hay ninguna iniciativa de un museo ni de ninguna autoridad de ninguna clase para restringir la obra de este pintor», explica. Y lo de Schiele –argumenta– es matizable, pues siempre ha sido un artista provocador. «Un desnudo de Tiziano censurado es un disparate. En cierto sentido los desnudos de Schiele lo que piden es la reacción de shock indignado del público burgués (...) Una autoridad pública puede decidir que eso no se exhiba en una valla publicitaria porque piense que ese no es el lugar ideal para la obra».
En la fachada del impresionante edificio de la Secesión vienesa, construido por Joseph María Olbrich, reza uno de los lemas del fin de siècle vienés: «A cada tiempo, su arte. A cada arte, su libertad». Es una buena máxima para entender que la cultura es expresión de un tiempo, con sus propios pulsos, y que no siempre resiste un análisis comparativo con los valores de la actualidad. «Si exigiéramos a todo el pasado los valores que están vigentes en nuestra época, eso significaría, probablemente, que deberíamos borrar toda la historia de la cultura. Siguiendo eso, tampoco deberíamos ir a ningún país que no respetase los mismos derechos que el nuestro. No podríamos leer muchos poemas, empezando por la Ilíada o la Odisea, que son el nacimiento de la cultura occidental. Hacer esa corrección sería como privarnos a nosotros mismos de las cimas del pensamiento y del arte universal. Con lo cual, en nombre de una supuesta moralización, lo que haríamos es un tributo a la barbarie», remata Gomá.
La ejemplaridad y el martillo
¿Hasta dónde llega la libertad artística y de expresión cuando hablamos de un espacio que es de todos? ¿En qué punto el poder tiene que exigir cierto decoro o ciertas normas? Trasladamos nuestras dudas a Javier Gomá Lanzón, filósofo y director de la Fundación Juan March, que ha dedicado gran parte de su trayectoria ensayística a hablar de la ejemplaridad pública; esto es, a convertir la moral en un asunto público. Su teoría ha calado hondo en estos tiempos de corrupción, pero también ha ofrecido un arma a los moralistas: la ejemplaridad como un martillo censor.
Amadeo Modigliani
«Tenemos pendiente la dignificación del espacio público. El problema es cuando esta tarea pendiente es utilizada de manera oportunista. La ejemplaridad es auto exigencia. Y cuántas veces hemos visto que se utiliza este concepto no como auto exigencia sino como instrumento para censurar y demonizar al adversario», explica. Así, insiste, la ética y el decoro han de instalarse desde el ejemplo y no a través de la censura o la prohibición. Y con respecto a la piel fina de aquellos que se molestan por cualquier desviación del discurso mayoritario se muestra tajante: «Lo que ocurre es que como vivimos en una época pos ideológica, en la que hay pocas ideas. Y cuando alguien tiene pocas ideas tiende a ponerse moralizante y vulgar».
Según Gomá, vivimos en una época donde hay mucho desconcierto y donde las ideas morales con consenso universal brillan por su ausencia. «Parece que una de las maneras de recuperar estas ideas es esa especie de moralización un poco atolondrada. Que, a mi juicio, esconde oportunismo y vulgaridad», lamenta.
Pero la tarea de la dignificación del espacio público sigue ahí. «¿Cómo lo hacemos? ¿Cómo conseguimos que determinados comportamientos sean considerados valiosos y virtuosos por todo el mundo? ¿Cómo conseguimos que eso ocurra en el arte, en las redes sociales, en el comportamiento público?», se pregunta. La solución, explica, pasa por aplicar más el ejemplo y menos el martillo, además de fomentar la educación de la ciudadanía. «Lo que debemos hacer es crear una ciudadanía ilustrada y dotada de buen gusto que, por sí misma, sepa distinguir aquello que es valioso porque deba ser imitado, de aquello que es valioso porque tiene fuerza estética», concluye.

sábado, 3 de marzo de 2018

El 25% de los españoles afirmó en 2016 que las mujeres mienten sobre abusos sexuales

Según un estudio reciente de la Comisión Europea
Gwyneth Paltrow, Harvey Weisntein y Cameron Diaz
Las acusaciones por parte de un gran número de actrices hacia el productor de Hollywood Harvey Weinstein han tomado forma en el movimiento internacional #MeToo. Este trata de contribuir a visualizar y combatir los abusos sexuales de hombres hacia mujeres, especialmente en ambientes laborales. 
Más infografías en Statista
En el caso de España, el juicio por la presunta violación de una chica de 18 años durante la fiesta de San Fermín, del que todavía no se conoce la sentencia, ha vuelto a situar la violencia sexual en el centro de la atención mediática.
Este ha ayudado a poner sobre la mesa como, en ocasiones, existe una cierta tendencia a desconfiar acerca de la veracidad de testimonios de mujeres sobre abusos sexuales. En este sentido, según un estudio reciente de la Comisión Europea, en 2016 un 25% de los españoles (de ambos sexos) afirmó que las mujeres a menudo inventan o exageran acusaciones de abusos o violación.
Entre tanto, el 8 de marzo está convocada la huelga de mujeres con, posiblemente, la desigualdad laboral como protagonista de su mensaje. Se podría prever que lo acaecido en los últimos meses también sea parte importante de sus reivindicaciones.

viernes, 2 de marzo de 2018

El enigma de la Venus «pornográfica» que permaneció guardado casi un siglo en una caja fuerte

Facebook ha decido borrar por «contenido inapropiado» la emblemática imagen de este figura, subida por una usuaria, a pesar de que su valor arqueológico sigue asombrando al mundo
Lo primero que llama la atención al contemplar la célebre Venus de Willendorf, que Facebook considera una figura «pornográfica», es su diminuto tamaño. Una pieza de 11,1 centímetros de piedra caliza monolítica, originalmente pintada de ocre, que ha sobrevivido a más de 25.000 años de erosión y olvido. Un tiempo en el que los mamuts lanudos aún vagaban en la zona. Hoy, la más conocida escultura prehistórica sigue fascinando a los arqueólogos y emulando la feminidad en su máximo expresión. Pero, ¿qué representa exactamente esta pequeña escultura censurada por Facebook?
La Venus de Willendorf
La Venus de Willendorf recibe su nombre del yacimiento austriaco, a la orilla del río Danubio, donde fue encontrada. En 1908 el arqueólogo Josef Szombathy encontró la figura en un yacimiento de la época paleolítica a raíz de unos trabajos para la obra de un ferrocarril. ¿Una mujer embarazada? ¿La diosa de la fertilidad? La pequeña cabeza no tiene rostro, pero ostenta un peinado formado por siete capas, como los días que componen un cuarto del ciclo lunar. Tampoco tiene cuello ni pies (tal vez se perdieran o dañaran), además de que sus pechos y caderas presentan unas dimensiones grotescas.
Poco se sabe así sobre su origen y el significado cultural de su voluminosa figura. La interpretación más básica es que se trata de una representación convencional, pero no realista, de una mujer embarazada o de una divinidad «maternal» común a otras regiones de Europa. No en vano, la primera de estas «Venus» europeas ya había sido descubierta por el Marqués Paul de Vibraye, en 1864, en el pueblo de Laugerie-Basse, situado en el valle de Vezere. Lo verdaderamente excepcional del caso austriaco es su antigüedad y la fascinación creada tras su hallazgo.
Un amuleto para los cazadores-recolectores
Dado que carece de pies y no se mantiene por sí misma de pie, se ha interpretado que pudo ser un amuleto que la sociedad cazadora-recolectora portaba consigo y usaba para alguna clase de ritual a la Diosa Madre. Según una hipótesis poco aceptada, sería usada para insertarla en la vagina y aumentar la fertilidad de las mujeres.
No obstante, ni siquiera hay consenso en la comunidad de arqueólogos sobre el nombre que se le dio en su descubrimiento. El apodo de «Venus» es rechazado por algunos estudiosos actuales porque la obesidad de la figura no obedece al estereotipo de belleza clásica y, como aprecia Christopher Witcombe, profesor de la Sweet Briar College, en Virginia, supuso «la identificación irónica de estas figuras con “ideales de belleza prehistóricos” para satisfacer a algunos conceptos corrientes (en la época en que se descubrió), sobre lo que era el hombre primitivo, sobre las mujeres y sobre el sentido estético».
Entrada a Laugerie-Basse.
Durante 90 años, el análisis y debate de la mujercita desnuda, con pechos y la barriga prominentes, se realizó de puertas para dentro en el palacio de Schonbrunn de Viena. Los responsables del Museo de Historia Natural guardaron la Venus de Willendorf en una caja fuerte hasta que, en 1998, se mostró por primera vez al público en una exposición sobre arqueología.
En el año 2006 se reanudaron las investigaciones multidisciplinarias en el yacimiento en el que fue descubierta la figura para dar respuesta a algunos de estos enigmas abiertos. Con la ayuda de biólogos, geólogos e investigadores de otras especialidades se estudiaron las capas más antiguas del terreno, datadas en una antigüedad de 60.000 años y, las más recientes, de 24.000 años. Lo que convierte la zona en un fenómeno único en Europa Central. A raíz de estos estudios se descubrió que en la Europa de hace 40.000 años se produjeron unos cambios gigantescos, de tipo biológico, cuando el hombre moderno relevó al de Neandertal y surgió una tecnología nueva que inauguró el paleolítico superior.

jueves, 1 de marzo de 2018

La hazaña de las sirenas japonesas que salvaron la vida a náufragos españoles

Un reloj recuerda esa epopeya al tiempo que simboliza la amistad centenaria entre Japón y España
El campeón del mundo de apnea libre es William Trubridge, un neozelandés de 36 años, que ha logrado sumergirse a 122 metros de profundidad en Dean's Blue Hole, en las Bahamas. Trubridge tardó dos minutos y quince segundos en alcanzar esa profundidad.
Actualmente este tipo de buceo es una práctica deportiva extrema. Los deportistas se sumergen hasta lo más profundo con tan sólo una profunda inspiración. Hace siglos la situación en el imperio del sol naciente era muy diferente. En aquel momento eran las mujeres de las aldeas niponas –conocidas como Ama- las que se sumergían para practicar la pesca bajo el mar.
Estas mujeres lo hacían, obviamente, sin ningún tipo de aditamento que las ayudase a respirar. Tras muchos segundos de inmersión retornaban a la superficie con un botín de cubos de madera rebosantes de erizos de mar, langostas, algas marinas y pulpos.
Uno de los trofeos más codiciados era el abulón, un molusco de una sola concha, parecido al caracol, pero con la particularidad de que es capaz de producir perlas nacaradas, de textura rugosa y porosa.
El peligro de la narcosis
En el idioma japonés el vocablo “Ama” significa literalmente “mujer buceadora”, si bien hay zonas en las que se denominan con otra terminología, por ejemplo, se las llama “uminchu” en Okinawa o “kaito” en la península de Izu. Su enigmática presencia se remonta, al menos, al siglo VII. 
Wikipedia
Estas mujeres se sumergían en las aguas, a menudo a temperaturas inferiores a los cero grados, hasta sesenta veces en una sesión de buceo, que se podía repetir tres veces al día. Se creía que por el mero hecho de ser mujeres eran más adecuadas para esta tarea, debido a que tenían una capa aislante extra de grasa en su cuerpo que les permitía contener la respiración durante más tiempo que los hombres.
Cuando el buceador desciende en apnea libre se produce una serie de cambios en su organismo: el diafragma se contrae involuntariamente, lo cual ayuda a bombear sangre al cerebro, la frecuencia cardiaca se enlentece, la saturación de la sangre desciende y la capacidad de los pulmones se reduce. Estos cambios muestran la cara menos amable de las profundidades marinas: la narcosis. Se trata de una situación reversible que pone en peligro la vida de la persona que practica el buceo en apnea y que todos los años se cobra varias vidas. Seguramente muchas Ama fallecieron a consecuencia de la narcosis.
La proeza
En 1608 el buque español San Francisco, que navegaba de Manila a Acapulco, naufragó en la costa del Japón. Lo hizo frente a las costas de Onjuku, a 75 kilómetros al SE de Tokio, tras ser fustigado por un tifón. De sus 374 tripulantes tan sólo 50 consiguieron sobrevivir, y lo hicieron gracias a la ayuda de las Ama. Los relatos de la época describen como las Ama se lanzaron a las aguas gélidas para salvar a los náufragos. 
Cuando los supervivientes llegaron a España y narraron lo sucedido, el monarca Felipe III se conmovió tanto que envió a Sebastián Vizcaíno al frente de una misión para entregar unos presentes a Tokugawa –la máxima autoridad del país en aquella época- en señal de gratitud por la ayuda prestada. Entre los obsequios se encontraba un reloj, el que en estos momentos es el más antiguo de Japón. Ese reloj, junto con otro que se encuentra en el monasterio de El Escorial –el candil de Felipe II-, son las dos únicas piezas del mundo cien por cien originales, con sello de fabricación en el Madrid de siglo XVI.
En el reloj nipón, conocido como el reloj occidental de leyasu, hay una inscripción que reza: “Hans de Evalo me fecit en Madrid. A 1581”. Hans de Evalo (1530-1598) fue un artesano relojero de origen flamenco que estuvo al servicio de Felipe II.
En alguna ocasión, con motivo del día del tiempo, que se celebra en Japón cada 10 de junio, las campanadas del reloj occidental de leyasu se han retransmitido radiofónicamente a todo el país. Si Hans de Evalo levantara la cabeza…
Pedro Gargantilla
Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.