jueves, 22 de agosto de 2019

Jennifer López, demandada en Egipto por actuar "desnuda"

·       Jennifer López, denunciada por vestir con transparencias 
·       El abogado Samir Sabri pone la diana en la artista tras su concierto en el país por su vestimenta, aunque ella no es su primera víctima.
Los artistas internacionales que pisan la tierra de los faraones deben ir con cuidado. Samir Sabri, un puritano "picapleitos" acostumbrado a demandar a cualquiera que -a su juicio- exceda los límites de la moral, les acecha. La última víctima de su cruzada es Jennifer Lopez (50) y la supuesta falta de ropa, su delito más imperdonable.
La cantante estadounidense de origen puertorriqueño actuó hace una semana en El Alamein, una ciudad de la costa mediterránea egipcia de ecos bélicos que se ha convertido en uno de los destinos favoritos de los egipcios pudientes. Unas 2.000 personas acudieron a la cita patrocinada por la constructora local Orascom, propiedad de la familia cristiana egipcia Sawiris. En los asistentes, figuraban artistas locales y altos funcionarios del régimen.
El concierto, el primero celebrado en Egipto e incluido en su gira "It's my Party" con motivo de su medio siglo de vida, siguió el mismo guión de sus actuaciones previas en Tel Aviv, Moscú o la ciudad turca de Antalya. En el escenario sonaron algunos de sus grandes éxitos como 'Jenny from the Block', 'I'm Real' y 'If You Had My Love'.
Todo discurrió sin problemas hasta que las imágenes del concierto comenzaron a circular por las redes sociales y los medios locales. Entonces Samir Sabri, un abogado que ha presentado varias miles de demandas contra artistas e intelectuales egipcios por quebrar la moral, cazó las instantáneas y, raudo, ha llevado a López a los tribunales.
Según el letrado, López apareció en escena "desnuda y con vestidos transparentes" en pleno Eid al Adha, la fiesta musulmana del sacrificio. "No resulta apropiado que la gente se halle rezando en el monte Arafat [un montículo cargado de simbolismo a unos 15 kilómetros al este de La Meca] mientras otros están en un concierto", argumenta Sabri.
El abogado acusa a la estadounidense de "vulnerar las normas y tradiciones egipcias" y exige que le sea prohibida la entrada al país para participar en futuras actuaciones. Durante el espectáculo, Lopez no lució ningún atuendo que no hubiera exhibido en el pasado. En los fotogramas que han trascendido de su cita egipcia, la cantante lleva un leotardo de falsos diamantes que le cubre un brazo y una pierna.
Lopez es el enésimo blanco de Sabri. A principios de este año el periodista local Mohamed al Gheiti fue condenado a un año de prisión por entrevistar en directo a un homosexual. El caso partió de una denuncia del abogado más celebre del país árabe. "Estoy en contra de la decadencia, la desnudez, el alcohol, las drogas o la prostitución. Creo que no podemos permitir que esos ejemplos entren en nuestros hogares", explicó Sabri en una entrevista reciente con EL MUNDO.
Samir se ha forjado fama de hombre despiadado explotando los derechos que dispensa la justicia local, que permite a cualquier ciudadano denunciar a otros por una retahíla de cargos tan vagos como "libertinaje" o "blasfemia", punibles con hasta cinco años de cárcel. Un fiscal debe, más tarde, aceptar los cargos e iniciar el proceso.
El bufete de Sabri ha despachado a lo largo de décadas más de 2.700 demandas por los asuntos más variopintos y, a veces, disparatados. En su nómina de acusados figura hasta una marioneta, Abla Fahita, una viuda convertida en estrella catódica que disecciona con desternillante humor los acontecimientos que han jalonado la traumática historia reciente del país árabe.
Las bailarinas de danza del vientre, un arte residual censurado por los sectores más pacatos de la sociedad egipcia, también han padecido sus embestidas. Hace cuatro años sus demandas lograron que la bailarina Sama al Masri tuviera que renunciar a presentarse a las elecciones parlamentarias por "falta de buena reputación".
FRANCISCO CARRIÓN

miércoles, 21 de agosto de 2019

Los diamantes que guardan el secreto del origen del planeta

Los restos microscópicos de gases y minerales que quedan atrapados en su interior permiten a los científicos reconstruir la composición del entorno en el que se formaron
Los diamantes nos proporcionan una ventana única al interior del planeta. Y a su origen.
El análisis de piedras preciosas formadas en las profundidades ofrece uno de los pocos registros sobre la composición de la Tierra, a cientos de kilómetros bajo la litosfera. Los científicos sospechan que en algún punto de estos abismos, entre la corteza y el núcleo terrestre, existe un enorme depósito de roca que permanece sin cambios desde la formación del planeta, hace unos 4.600 millones de años. Pero hasta ahora no se ha podido confirmar su existencia ni su posible ubicación.
Un equipo internacional de investigadores aporta nuevas pistas, gracias al hallazgo de 24 diamantes 'superprofundos' cerca de Juina, en Brasil. El análisis de los isótopos de helio, atrapado en inclusiones microscópicas, ha permitido descubrir huellas de este antiguo yacimiento, que se hallaría escondido a más de 410 km bajo el nivel del mar en el manto de la Tierra. Su trabajo aparece este jueves en la revista Science y será presentado ante los científicos el viernes 23 en la conferencia Goldschmidt sobre geoquímica en Barcelona.
La mayoría de los diamantes se forman entre 150 y 230 km bajo de la corteza terrestre, antes de ser depositados en capas cercanas a la superficie. Sólo en raras ocasiones salen a la luz diamantes superprofundos -originados entre 230 y 800 km por debajo de la superficie- impulsados por violentas erupciones volcánicas. "Más del 99% de los diamantes recuperados de los ríos y las minas del área de Juina son superprofundos", explica Suzette Timmerman, investigadora de la Universidad Nacional de Australia y primera autora del trabajo. "Por eso hemos trabajado específicamente con diamantes de esta zona".
Varios diamantes vistos al microscopioSUZETTE TIMMERMAN
Poco apreciados por los joyeros
Las impurezas de estos diamantes superprofundos suponen una valiosa muestra para estudiar las regiones en las que se originaron y entender cuál es la composición de estas capas remotas. Defectos microscópicos hacen que estos diamantes sean poco apreciados por los joyeros, pero de un valor inestimable para los geólogos. Los gases y minerales que quedan atrapados dentro permanecen comprimidos en sus formas originales. En ocasiones contienen también material orgánico de criaturas que alguna vez vivieron en antiguos fondos marinos. Son el testimonio de un viaje asombroso a través de cientos de kilómetros y millones de años.
"En este caso, por la geoquímica de los diamantes, sabemos que se formaron en un área que llamamos zona de transición, entre 410 y 660 km por debajo de la superficie de la Tierra", explica Timmerman. Al medir los isótopos de los elementos capturados, los autores descubrieron una variabilidad extrema, así como una relación alta de helio 3 y el helio 4. Este gas noble es una de las mejores herramientas para entender la naturaleza de las regiones más profundas y antiguas del manto de la Tierra.
Origen de la Tierra
Poco después de la formación del planeta, la violenta actividad geológica y los impactos con otros astros modificaron su forma, lo que significa que casi nada de la estructura original de la Tierra se ha preservado. En la década de los ochenta los científicos descubrieron, al analizar lavas basálticas en diferentes zonas del mundo, que la relación entre el isótopo 3He/4He en algunos puntos era mucho más alta de lo normal, una relación isotópica que sólo se había visto en meteoritos que cayeron en la Tierra en aquellos primeros años del planeta. La conclusión es que esa lava tenía que haber sido transportada desde algún tipo de depósito profundo en la Tierra, con una composición que no ha cambiado significativamente en los últimos 4.000 millones de años.
Diamantes encontrados en el área de Juina, en BrasilSUZETTE TIMMERMAN
"Este mismo patrón se ha observado en 'Islas Oceánicas Basálticas', en la lava que sale a la superficie desde las profundidades de la Tierra y forma islas como Hawai e Islandia", señala la investigadora. "El problema es que aunque este basalto salga a la superficie, sólo vemos un atisbo de su historia. Sabemos poco sobre el manto del que proceden esos movimientos".
Un mar primigenio
En este sentido, los diamantes hallados en Brasil confirman la existencia de esa fuente profunda y primordial de helio que ocasionalmente se infiltra en la zona de transición y se mezcla con material que se hunde desde las capas altas, creando diversas composiciones isotópicas que quedan registradas en basaltos. "Esto significa que ese depósito invisible hasta ahora, que permanece desde los albores de la Tierra, debe estar en esta área o debajo de ella", afirma Timmerman. Aunque quedan muchas otras preguntas en el aire, por ejemplo si se trata de un sólo depósito o pequeñas áreas diseminadas bajo la corteza.
Por otro lado, estudios previos con diamantes obtenidos en la misma región del Mato Grosso brasileño habían sugerido que las regiones por debajo del manto superior podrían contener además un enorme depósito de agua. Un trabajo publicado en 2014 en Nature por Graham Pearson, investigador de la Universidad de Alberta, reveló la presencia de un mineral raro (la ringwoodita) que sugería la existencia de un mar a 400-600 km bajo la superficie de la Tierra. "El estudio de Pearson demostró que hay mucha agua en la zona de transición", explica Timmerman. "Y nuestro trabajo confirma la presencia de material de la corteza subductora, que es una forma de transportar el agua a esas profundidades. Aunque también cabe la posibilidad que el agua en la zona de transición ya estuviera allí".
AMADO HERRERO @AmadoHerrero

martes, 20 de agosto de 2019

La última juerga, el boyante negocio de las despedidas de soltero

Las despedidas de soltero, convertidas en rito social de transición al matrimonio, constituyen hoy un boyante negocio que aúna patrones fijos. Disfraces, actividades, cenas multitudinarias, strippers… 
Cada vez más empresa multiplican la oferta para aquellos que desean pegarse la gran fiesta. Esta es la crónica de un resacón en Las Vegas, versión ibérica
Diademas con penes luminosos, velos con penes que cuelgan, camisetas de penes estampados, penes de plástico amarrados a la bragueta. Podría parecer la narración del sueño de algún obseso sexual o la enumeración de los ingredientes para la ceremonia iniciática de una extraña hermandad adoradora de Príapo. Pero se trata de los elementos de una historia muy terrenal y, en el fondo, más bien prosaica. La crónica de un resacón en Las Vegas, versión ibérica. Con el buen tiempo aflora la temporada alta de las despedidas de soltero, añejo ritual de transición vital, que suele expandirse desde marzo hasta octubre. Nos hemos colado en tres de estas fiestas multitudinarias a lo largo de distintos fines de semana. Una en el embalse de Entrepeñas (Guadalajara), las otras dos en Gijón y Granada. Como un collage fabricado a base de retales de cada una, vamos a dibujar el retrato robot de un día de adiós a la vida sin ataduras. Con el paso de las horas, y de las páginas, se irán revelando todos sus componentes: las actividades, los disfraces, los complementos, los cánticos, los paseos en limusina, los strippers. Y, sobre todo, la exaltación de la amistad mediante litros y litros de cerveza y sangría. Pongan el despertador temprano porque aquí no solo se trasnocha: también se madruga.
A una hora y media de Madrid, en la Alcarria Baja, provincia de Guadalajara, el panorama parece transportado desde algún lugar remoto. Como un rincón del Mediterráneo en plena Castilla. Frondosos y estilizados pinos, carreteras zigzagueantes que ascienden montañas, el viento que insufla el refrescante aroma del agua. A la vuelta de una curva, emerge un lago de un azul intenso, cristalino. En realidad se trata de un embalse, Entrepeñas, construido en época franquista. Pero si se decide obviar esa información, el paisaje se percibe perfectamente idílico. En medio de un camino de grava apartado de la carretera se avista un cartel: Hotel del Terror. 
Un grupo de mujeres celebra una despedida a bordo de una limusina en Gijón. Felipe Hernández
Y una flecha que apunta más al fondo. Se trata de la versión invernal de un complejo turístico que en los meses de calor se cambia de traje para acoger sobre todo fiestas de despedida. Una señorial casa de tejados de pizarra se yergue rodeada de un espacioso jardín con una piscina con vistas al pantano y varios campos de juego, con un futbolín a escala humana y dianas para lanzar tiro con arco. A un lado se abre una estrecha y empinada senda que desciende hasta el agua, donde, en torno al muelle, aguardan quietas unas canoas y una tabla de paddle surf. Al acercarnos al resort, comienzan a escucharse gritos. Gente corriendo por todas partes, empujones, tropiezos, amagos de caídas. Pero no hay miedo, a pesar del precedente del cartel. Solo bromas y muchas risas.
Unas 60 personas compiten en una yincana que se extiende por todo el perímetro. Participan los cinco o seis grupos que han coincidido aquí este sábado, día grande de las despedidas. Intentan entrar en tropel a la casa y buscan pistas en cualquier recoveco mientras van sorbiendo de sus minis. Marcan las doce de la mañana y ya parece haber candidatos a soplar el alcoholímetro. ¿Lo bueno? Que aquí no hace falta coger el coche: todo, desde los juegos hasta la cena, el baile con espectáculo y el alojamiento, se concentra en el mismo recinto. El hotel pertenece a la empresa Party Hotel, que cuenta con seis resorts como este en diversos puntos de la geografía nacional. Su propuesta consiste en planificar todo el fin de semana, de principio a fin, de modo que los clientes solo tienen que presentarse allí y dejarse llevar. “Montar una despedida es un rollo, y nosotros se lo damos todo hecho”, resume Carlos Salord, el director, que sitúa ahí la clave del éxito de este tipo de operadores —cada vez hay más—, que ofertan packs con todo incluido.
—¡Hemos ganado!, celebran entre jadeos y aspavientos unas chicas, ataviadas con faldas negras de lunares, orejas de ratita Minnie y un silbato amarrado al cuello.
—Hola, soy periodista, estoy haciendo un reportaje. ¿Podría haceros alguna pregunta?
—¡Claro! —responden dos de ellas.
—¿Por qué celebráis aquí la despedida?
—Para qué te vas a meter en una casa rural, si ahí no se hace ninguna actividad y a las dos horas estás hasta los hue… ¡Estás cansado! —se ríe la más joven, Clara, una chica de 22 años que estudia y trabaja en una gasolinera.
Antes de que termine de dar sus explicaciones se van sumando otros colegas que empiezan a formar un corro cada vez más concurrido. Dos chicas más. Otros tres chicos. Más gente. Cuentan que vienen de Alcalá de Henares y otras localidades cercanas. Se acaban uniendo los novios, José y Tamara. Sí, han venido los dos juntos.
—¿Cómo no habéis hecho vuestras despedidas por separado?
—La idea ha sido de ellos, que les apetecía juntar a las dos familias —contesta Cristina, una maestra de 27 años.
—Porque no me fío de ella —interviene el novio, descamisado y con una pajarita amarilla, que pone una divertida cara de enfado mientras sujeta su bebida.
 —¡Sí, porque son muy guarrillos los dos! —se oye de fondo a otro de los compañeros que se han incorporado al círculo.
—Di que no, ¡que llevan 20 años juntos! —apostilla otro integrante, al tiempo que el padre del novio asoma la cabeza entre el gentío.
—Oye, ¡que soy el patriarca! —chilla antes de que las voces del coro se conviertan en una algarabía.
Una stripper baila con un novio durante una despedida en Granada.
El sábado en que se celebró, había más de 400 personas haciendo sus fiestas por separado en un mismo complejo de ocio dedicado a estas actividades. Felipe Hernández
Celebraciones mixtas como esta no suelen ser lo habitual. Menos aún con los progenitores por testigo. En el resto de pandillas que pululan por los alrededores, los chicos van con los chicos y las chicas con las chicas. Son amigos, compañeros, hermanos, primos.
—¿Por qué os habéis disfrazado de Minnie?
—¡Porque ya llevábamos una pasta gastada, y este traje era el más asequible… Además, vale para chicas y para chicos! —reconoce la más joven.
—Oye, y acuérdate de poner en tu reportaje que hacemos rejas a buen precio, puertas, barandillas… —agrega así, por las buenas, José, el novio, que sigue con el ceño fruncido.
Luego nos enteraremos de que —claro— se dedica a la cerrajería.
—¿Qué?
—Anda, sácanos una foto a todos juntos —pide otro espontáneo, que se dispone a levantar un castillo humano. Para cuando se hunde la estructura, ya hay otra pandilla cogiendo turno para tomarse una instantánea parecida.
Concluido el trabajo fotográfico, damos una vuelta por el jardín. Unos cuantos descansan en torno a la piscina, coronada por una cabina de DJ que ahora está vacía. De pronto se suspende la calma cuando irrumpen un par de chavales con una joven en volandas. Pretenden tirarla, pero acaban zambulléndose los tres. Uno es el novio de la pajarita, que procede a cambiarse de ropa. A la vuelta aparecerá con un escueto tutú rosa de bailarina. Entretanto, cunde su ejemplo: varios van vestidos a la piscina. Al lado, unos jóvenes dan toques a una pelota enfundados en sus camisetas de mensajes jocosos y penes estampados. No sueltan sus minis. Por supuesto, hay barra libre (de cerveza y sangría). De fondo acompañan éxitos de hoy y de siempre. “Dame veneno que quiero morir”. “Hay que ser torero, poner el alma en el ruedo”. Otro novio, este ataviado de Borat (ya saben, con un mankini verde flúor que tapa lo justo para no llamar a la policía), baila —por decir algo— el clásico verbenero de Chayanne del brazo de un colega. En el momento justo, el resto de amigos les cantan los olés. “No importa lo que se venga pa que sepas que te quiero”. El resto de juerguistas se sientan y beben bajo unos techados que proyectan sombra sobre unas mesas, en las que en un rato se servirá paella y carne a la parrilla. Después de comer, realizarán las actividades que han contratado: unos marcharán al embalse y otros se quedarán en tierra firme.
Dos centuriones cargan a una novia. Felipe Hernández
Para la media tarde, nos trasladamos a un campo de balompié. Pero no uno al uso: aquí se practica fútbol burbuja. Hemos volado hasta Gijón, hervidero de jaranas en grupo. Dani y su pandilla, 10 chavales de espaldas anchas unidos por su pasión común por el crossfit, se han decantado por liberar adrenalina a base de darle patadas al balón. Bajo un sol que pica y resuda, se enfundan unas bolas de plástico que les cubren de la cabeza a las rodillas. Antes de darse cuenta acaban todos rodando, medio quebrados, muertos de risa. Se nota que hacen deporte, porque no todo el mundo resistiría una hora metido en una burbuja a 30 °C. “En Gijón hacen bastante bien las despedidas, es divertido”, apunta Dani, que cuenta que su elección estaba entre aquí y Oviedo. De madrugada, él y sus colegas se volverán a su pueblo, Lugones, en tren. “Los coches se quedan aquí durmiendo”, afirma en tono responsable. El grifo de la barra libre aún no está abierto.
Terminado el encuentro, montamos en un taxi que nos deja a las puertas de un escape room. O sea, una sala donde se organizan juegos de enigmas que hay que desen­trañar en un tiempo limitado. La calle se ve casi desierta, apenas se oye un ruido. Será por el calor inusual para estas latitudes. De repente, se abre la puerta del local y sale una tromba de chicas con bandas fucsias cruzadas sobre el pecho. 
Vienen desde Colunga, otro pueblo de Asturias. En un abrir y cerrar de ojos se genera un bullicio de comentarios y carcajadas. “¡Enhorabuena!”, felicita una viandante a la novia, que se distingue porque su banda es blanca y lleva una especie de antenas amarillas en la cabeza. Para entonces asoma una limusina rosa chicle que aparca en la puerta y sube el reguetón a todo volumen. Empiezan a repartir copas de plástico y corre el champán. Mientras las jóvenes brindan en el interior, los transeúntes siguen con la mirada al poco discreto vehícu­lo. Algunos hasta señalan. Otros saludan. Los niños no pueden disimular la sonrisa. Durante una hora, las asturianas fardarán por las calles de la ciudad en su particular discoteca móvil, con sus luces de colores y su televisión pasando videoclips. Por el camino, eso sí, convencerán al conductor para que les cambie la música. Prefieren algo un poco más calmadito. El destino final se llama La Buena Vida, un amplio local donde se juntan decenas de grupos para disfrutar de una cena con espectáculo conjunta.
—Es mejor llevar a chicas, porque a veces los chicos van muy pasados —confiesa al final del trayecto el chófer, que es el padre de la dueña de Gijón de Farra, empresa que monta shows en La Buena Vida, así como otras actividades de despedida, como este familiar servicio de limusina.
No existen cifras oficiales, pero un fin de semana en temporada alta puede atraer a 2.000 o 3.000 juerguistas a ciudades como Gijón
Tras estacionar frente al restaurante, ubicado en una zona de marcha junto a la playa de Poniente, varios espontáneos se acercan a tomarse selfis junto al automóvil. En las calles aledañas se avistan más camarillas que llegan a pie: unos van de sevillanas, otras chicas visten de Juego de tronos, hay un novio que lleva un traje de Aladín. Tiene la lámpara maravillosa, la que hay que frotar para obtener los tres deseos, estratégicamente colgada a la altura del cinturón. Los fiesteros van acumulándose en la terraza del establecimiento, que podría pasar por la sede de un concurso de disfraces. Hay un chico que se tambalea caracterizado de botella de kétchup. Varias jóvenes portan las famosas diademas de penes. Por delante pasa un pelotón pedaleando y chupando cerveza en una beer bike. Algunos desahogan sus emociones al megáfono. Otros, con sus camisetas conjuntadas, prefieren mirar el partido que echan por la tele. Los heterogéneos grupos llegan de distintas provincias, la mayor parte del norte de la Península. Hay estudiantes, parados, trabajadores. En un buen fin de semana, pueden juntarse 2.000 o 3.000 juerguistas de despedida en Gijón, referencia de estas celebraciones junto a capitales como Granada, Logroño o Salamanca. También suenan León y Albacete. Decimos capitales porque, como indica Vicente Pizcueta, portavoz de Fasyde, la Federación de Asociaciones de Ocio Nocturno de España, existe un componente “aspiracional” a la hora de elegir los destinos. Los de pueblo van a la ciudad, también en gran medida a Barcelona o Madrid. Los del interior optan por la playa, muchas veces Ibiza o Benidorm. Allí nadie les va a reconocer y, además, aprovechan para escapar de su día a día. Eso sin mencionar las propuestas deluxe: las que se trasladan hasta Ámsterdam, Praga o Budapest, epicentros europeos de las despedidas. Hasta en La Habana terminan algunas pandillas. “Es una idea que proviene del marketing”, señala Pizcueta, que aporta luz sociológica a la tendencia hacia las celebraciones cada vez más planificadas y masivas: la transición desde el afán por lo material a la búsqueda de “experiencias”. “La crisis económica, unida al envejecimiento de la población, ha provocado que la rutina de salir haya cambiado drásticamente”, ilustra. “Ya no se sale tanto todos los fines de semana, sino que se concentran las energías y los presupuestos. Cada vez hay más grupos que se reúnen a festejar de manera singular”.
“La crisis económica, unida al envejecimiento de la población, ha provocado que la rutina de salir haya cambiado”
En su cruzada por la originalidad, las despedidas han acabado convirtiéndose en un evento programado, predecible e idéntico a sí mismo. Da igual Gijón que Granada: las actividades que se ofertan, las cenas y las discotecas, los disfraces, todos acaban resultando parecidos. Los mismos juegos, las mismas bromas, la misma música. Lo que no significa, ojo, que uno no pueda entregarse y pasárselo de lo lindo. El problema radica en las minorías que no saben regular la intensidad de su desfogue. Tras unos años en los que varios Ayuntamientos —Madrid, Logroño, Salamanca y otros— han ido aprobando ordenanzas para regular el desmadre, los empresarios del ocio nocturno aseguran que la situación no se encuentra tan descontrolada como se temía. “Se trata de un problema de más ruido mediático que real”, asegura Pizcueta. “Pero es cierto que hay que tomar medidas para que la cosa no vaya a más”.
Desde 2012, Despedidas La Grotta monta veladas multitudinarias a las afueras de Granada. Cuentan con un complejo de 30.000 metros cuadrados donde caben pistas de juegos, una zona para barbacoa y un restaurante-discoteca. “Somos los más grandes de España y damos servicio a 20.000 personas cada año”, presume el propietario, César Simón. Sin pisar el centro de la ciudad, las 420 almas sin pena aquí reunidas este sábado pueden entretenerse por el día jugando a paintball o humor amarillo, una actividad que consiste en atravesar casetas hinchables con obstáculos inspirados en el programa de televisión homónimo de los noventa, y volver al recinto por la noche en un autobús fletado por la empresa, que también busca dónde dormir. Hay jornadas de hasta 800 personas.
Unas chicas juegan al paintball en Granada. Felipe Hernández
Como suele ocurrir en estos eventos nocturnos, en La Grotta granadina primero se come y luego se disfruta de un show. Va todo en el mismo paquete. De cena se sirven entrantes variados, carne o pescado con patatas, dulces de postre. Todo regado con la consabida barra libre, que no incluye las copas. “La calidad es mejor que en otra despedida de este estilo a la que fui en Ciudad Real”, concede Marisa, de 36 años, que viene desde Malagón para arropar a su hermana, de 25. “A mi edad esto ya no se vive igual”, suspira, antes de que le interrumpa el clamor.
—¡Que viva la novia!
Vivas, cánticos, pitidos de silbato, gritos, más pitidos.
Demasiados pitidos.
—¡Menos mal que aquí no nos conocen! —se oye resoplar entre el gentío.
—¡Esa novia cómo mola, se merece una ola!
Brazos en el aire, las mesas se retiran. El reguetón vuelve a inundar los oídos. Salen las gogós con sus movimientos sexis. Enseguida aparece una drag de pelo verde y lengua viperina, que charla y bromea con los grupos. Al final irrumpe el plato fuerte: los strippers (que, eso sí, solo sugieren y no se llegan a desnudar del todo). Ahora hay un muchacho musculoso bamboleando los pectorales ante la mirada de una atónita novia. Se llama Adrián, y antes trabajaba de portero en La Grotta, hasta que, a petición popular, se pasó a los escenarios. “Se cobra bastante mejor”, condensa. Cerca se otea a un novio al que ni se le ve la cara: la tiene pinzada entre las piernas de una chica sorprendentemente flexible. Sus amigos le rodean y dan palmas. Algunos prefieren no revelar su nombre ni salir en las fotos: unos son profesores, y otros, policías. Llegados a este punto, la velada se aproxima a su culmen. Se encadenan los abrazos y las palabras balbuceantes.
Brillan los penes de plástico en las cabezas. El buen rollo se respira en el ambiente. Suele ser la tónica en las despedidas a pesar de su mala fama. “Nosotros también organizamos fiestas universitarias y se generan muchos más problemas”, asegura Simón.
Destaca la variedad de actividades que se realizan: spas, beauty parties, fiestas de la espuma, fútbol burbuja, karting, tuppersex…
Otra cualidad que define a estas celebraciones se halla en la cantidad de propuestas de ocio diurno que las rodean. Hay tantas que dan para cubrir casi todos los gustos. A las que se han ido mencionando se suman spas, beauty parties, sesiones de fotos, fiestas de la espuma, experiencias virtuales, karting, tuppersex, shows de magia, body paint, animaciones, monólogos, karaokes… Se puede hasta contratar a dos forzudos caracterizados de centuriones para que pasen a la novia montada en un trono. U organizar bromas como “la del puente”, que consiste en vendar los ojos al incauto de turno y confundirle para que piense que va a saltar desde una gran altura, cuando en realidad se encuentra en un bordillo o frente a una piscina. “El año pasado, solo el 3% de nuestros clientes contrataron actividades culturales, como visitas a la Alhambra”, reconoce Simón, que explica que su empresa no organiza capeas (“somos animalistas”), aunque sí ofrece servicio de burrotaxi (“supervisado por un mulero, y en viajes de 15 minutos”). “Es una cuestión de modas”, agrega. “Ahora pegan fuerte el humor amarillo y la lucha en el barro. Antes triunfaban el puenting y el parapente”.
Un grupo pedalea sobre una 'beer bike' en Gijón. Felipe Hernández
En ciudades costeras como Gijón, las salidas acuáticas marcan el tono de la escapada: descenso del Sella en canoa (está en el río), viajes en barco, motos de agua… En total, la farra sale por entre 100 y 200 euros, aproximadamente. “Resulta complicado adivinar por qué Gijón atrae a las despedidas: puede ser la playa, la fama de la noche, la comida…”, apunta Alejandro Ruiz, de Espectáculos Ruiz, agencia que en temporada alta organiza “entre 20 y 40” celebraciones cada fin de semana. Para este empresario, con 17 años de experiencia en el sector, “el panorama ha cambiado mucho”. No tanto por la dinámica de la fiesta, que continúa en la misma línea, sino por el nivel de estructura y planificación que ha adquirido, hasta tal punto que han comenzado a brotar compañías ilegales que ofrecen servicios y actividades sin contar con los preceptivos permisos. Con 163.430 bodas en 2018 según el INE, todo indica que se trata de un negocio lucrativo. “Antes no existían estos restaurantes donde se juntan tantos grupos. Se llevaba más cenar en privado y contratar un espectáculo”, explica. Lo que tampoco ha variado a lo largo de los años es el trasfondo de la liturgia: se festeja el fin de la soltería, no lo contrario. Las cacareadas despedidas de divorcio parece que aún no tienen salida. “Yo he escuchado hablar de ellas”, concede Ruiz, “pero lo cierto es que todavía no hemos hecho ninguna”. 

lunes, 19 de agosto de 2019

Descubre los talleres que cambiarán la forma en que disfrutas de tu sexualidad

A pesar de la hiper sexualización que impera en nuestra sociedad todavía existe un enorme desconocimiento sobre la parte más íntima de cada mujer. Por eso proliferan los cursos que ayudan a arrojar luz sobre el tema. Lo primero que enseñan es a responsabilizarse del propio placer.
Ilustración: Cachetejack
"Bienvenidas a este espacio de seguridad y de comunicación, un lugar de liberación y empoderamiento". Las 12 mujeres que rodean a la sexóloga que ha organizado este taller sobre sexualidad femenina la escuchan con atención y cierto recelo. No resulta fácil abrir en canal su mundo erótico, o la falta de él, e iniciar un proceso de aprendizaje compartido que limpie sus deseos de culpas, dependencias y desconocimiento. El programa, que se va a prolongar todo el día, ofrece varios módulos teóricos y prácticos: anatomía erógena, trabajo muscular de la zona pélvica, relación física con la pareja, uso de juguetes y masturbación. En este taller no hay desnudez ni contacto, solo vídeos, dibujos y muchas dudas.
"¿Es posible lograr el mismo placer con la autosatisfacción que con un hombre?", pregunta una mujer bien entrada en la cincuentena que confiesa haberle ocultado a su marido su presencia allí. "Yo no disfruto con la penetración. Esta es la primera vez que lo digo. Eso ya me libera, pero ¿qué puedo hacer cuando estoy con mi pareja?", comenta la más joven del grupo, que apenas llega a la treintena. Al final de la jornada todas asegurarán haber adquirido una nueva perspectiva que pretenden poner a prueba en la intimidad de sus casas.
"El poder curativo de la palabra es increíble", apunta la periodista y especialista en sexualidad Sylvia de Béjar. "El primer paso para quienes no se sienten satisfechas es poder hablar en un entorno receptivo, ver que hay otras personas con dificultades parecidas y comenzar juntas un proceso que tiene como primer objetivo no avergonzarnos de nuestro cuerpo ni de nuestros deseos", comenta. 
Sylvia de Béjar asegura que son muchas las mujeres dispuestas a vivir una experiencia así, por eso proliferan estos talleres de educación y terapia impartidos por psicólogos, sexólogos o sex coachs. En ellos se utilizan métodos e inspiraciones diversas, como el mindfulness, la filosofía taoísta (que invita a la armonía física y espiritual), el tantra (la aceptación del deseo y su sublimación) o la meditación como prólogo al sexo, compartida con las compañeras de curso. La horquilla de precios también es amplia: entre 50 y 80 euros por una sesión diaria; de 175 a 250 euros por un taller de fin de semana, o 1.300 euros por un retiro de siete días en el campo, todo incluido.
Ana Sierra, psicóloga y sexóloga, advierte que es muy importante conocer la oferta y analizar si se adapta a nuestra personalidad y objetivos: "Sin duda, los talleres son muy necesarios pero, cuidado, porque la sexualidad es un asunto muy delicado, hay muchos supuestos expertos que no están preparados y se corre el riesgo de provocar más confusión o inhibición". Sierra ha participado en algunos de ellos y su experiencia no siempre ha sido la esperada: "Acudí a uno con una amiga, impartido por un hombre cuya propuesta era hacer de nosotras tigresas blancas, una figura oriental que concibe a las mujeres como máquinas sexuales. Lo veías a él vestido animándonos a quitarnos la ropa, a entrenar el masaje cervical y a tocarnos. Me pareció el juego de un mirón. Nosotras nos fuimos, pero vimos que otras empezaban a disfrutar del encuentro. Si te encaja, pues adelante, pero yo nunca aconsejaría una cosa así sin haber hecho un trabajo previo de conocimiento y gestión emocional".
Quienes llevan años de estudio en este campo insisten en que el sexo está en la mente, no en los genitales, y por tanto sería allí donde habría que empezar a trabajar para obtener una experiencia erótica satisfactoria. Son muchos los que sostienen que las inhibiciones las generan prejuicios culturales que solo se superan construyendo una mirada diferente, alejada del falocentrismo, que reconozca el derecho a ser responsables del propio placer. "Los talleres no solo deben centrarse en lo genital sino también en el bienestar emocional que debe proporcionar el sexo", explica la psicóloga y sexóloga María Esclapez. "Por eso es importante comunicarse con otras mujeres: para que no se sientan solas, se redescubran juntas y adquieran una base teórica que las lleve a un proceso de reflexión y autoconocimiento físico y espiritual".
Así, aunque los cursos sean grupales, el modelo debería adaptarse al caso particular. "Nunca acepto a nadie sin antes hablar con él. Tienes que saber qué mochila trae para entender lo que le conviene. Tal vez arrastra problemas que aconsejan primero una consulta personal para luego sumarse al grupo. Una vez en el taller debes identificar los temas que puedan provocar ansiedad a algunas participantes y ser más cuidadosa al abordarlos. Y me parece imprescindible hacer un seguimiento para que continúen creciendo o prevenir efectos indeseados. Cuando tocas la intimidad, puedes hacer daño sin querer", aclara De Béjar.
Idoia, 50 años, madre de dos hijos, acaba de pasar un fin de semana con otras ocho mujeres en un taller que organiza José Toirán, experto en kung-fu sexual. "Acudí por curiosidad. Creía tener una sexualidad bastante satisfactoria y lo primero que descubrí es que era poco más que una ignorante. Estoy aprendiendo a respirar, a meditar, a entender las respuestas de mi cuerpo y cómo satisfacerlo de verdad. Mi marido llegó a pensar que pretendía excluirlo hasta que ha visto cuánto han mejorado nuestras relaciones", relata la alumna.
Testimonios como el de Idoia han hecho de los cursos de José Toirán casi un fenómeno viral acrecentado por su peculiar proceso de formación, que comenzó en la industria del porno. Primero fue tras las cámaras y después frente a ellas, interpretando a un personaje enmascarado especializado en provocar eyaculaciones femeninas. El taoísmo cambió su camino y lo llevó cuatro años a Tailandia, donde emprendió junto a maestros del Tao un camino de aprendizaje que ahora intenta transmitir a sus alumnas. "El objetivo es acallar la mente y despertar los sentidos. Hay que concebir la sexualidad como parte del autoconocimiento que se alcanza a través de la meditación. Para que sea efectiva es preciso controlar la respiración. De hecho, el sexo es un 80% eso, porque así se sintoniza con un estado de bienestar que invitará al placer y amplificará sus sensaciones", explica Toirán.
El orgasmo sería solo una parte de la experiencia, pero para alcanzarlo también hay que entender los mecanismos que lo activan. "En mis talleres esa aproximación es teórica, no hay desnudez ni tocamientos. Pretendo que las mujeres que asisten identifiquen los tipos de orgasmo y lleguen a activarlos. Por ejemplo, les explico que el placer del clítoris es más social, más externo, se interioriza menos. Sin embargo, el del punto G, que provoca la eyaculación femenina a través de la respiración y determinados movimientos musculares, es más emocional, más íntimo, requiere más confianza y es capaz de limpiar muchas emociones negativas", señala José Toirán.
Al experto en kung-fu sexual le preocupa el daño que puedan hacer los supuestos especialistas atraídos por el negocio. "El 99% de quienes ofrecen terapias basadas en el Taoísmo y el tantra en realidad no tienen ni idea, así que mucho cuidado", advierte. Es la misma sugerencia que hace Carmen Enguita, una investigadora y formadora con 40 años de recorrido en las técnicas de desarrollo personal: "Aprender sobre tu sexualidad debe ser instruirte sobre todo tu ser y para ello es fundamental encontrar al guía adecuado". Con su propuesta, el yoga, el ejercicio muscular y la meditación introducen a las participantes en otras actividades más íntimas: "Eliminemos los tabúes. La única perversión está en la mente. No hay nada tan natural como un cuerpo desnudo ni nada más lógico que explorarlo. Quienes participan en mis talleres aprenden todas juntas a tocarse, a masajearse, a activar su energía sexual con el máximo respeto. ¿Por qué nos asusta que 20 mujeres sin ropa estén en una sala reconociendo su propio erotismo y, en cambio, hemos normalizado la pornografía? No tiene sentido".
Carmen Enguita podría considerarse una continuadora de la obra de la estadounidense Betty Dodson, feminista octogenaria que lleva cinco décadas impartiendo desinhibidos talleres en su domicilio de Nueva York. Su objetivo: hacer a las mujeres sexualmente autónomas con técnicas tan prácticas como visuales. En sus cursos, a los que según dice acuden personas de entre 30 y 60 años, se revelan los secretos más íntimos, se hacen ejercicios respiratorios y cada una se enfrenta a sus genitales ante un espejo disfrutando de las consecuencias. "El orgasmo se aprende, no llega por arte de magia", sentencia.
Con propuestas tan diversas, ¿cuál es la más satisfactoria? "La que se adapte a tu personalidad", responde la psicóloga Ana Sierra. "Desconfía de quien te dice lo que tienes que hacer para liberarte. Seamos sensatos. No podemos pasar de la represión al todo vale ni lanzarnos a masturbarnos en público sin aprender que un abrazo puede suponer una experiencia sexual igual de satisfactoria. Sí, hay que liberarse, pero cada una a su forma y cuando se esté preparada para hacerlo", concluye.
CARLOS ALCELAY

domingo, 18 de agosto de 2019

¿Hay que abolir el porno o se ha vuelto la izquierda (neo) puritana?

Intelectuales debaten sobre el viraje de la izquierda de posiciones más cercanas a la clase trabajadora hacia posiciones morales que las han superado
Isabel Celaá, Begoña Gómez y Carmen Calvo, el pasado 8-M ÁNGEL NAVARRETE
¿Se ha hecho puritana parte de la izquierda? «En la pornografía se educan las manadas», declaraba hace mes y medio a 'El Español' la diputada más joven del Congreso, Andrea Fernández (26 años), del PSOE.
«El feminismo insensato forma parte de esa izquierda moralizante que resuelve la discrepancia con prohibiciones», dice Félix Ovejero, profesor de Ética y Economía, y fundador de Ciudadanos: la diputada aclaró luego sus palabras declarándose no prohibicionista, sino abolicionista de la pornografía «en una sociedad ideal». Esto es: propugna Fernández «que sea la propia sociedad la que acabe con la pornografía».
«Lo que pasa», tercia el escritor y periodista Ricardo Dudda, «es que la izquierda ha ganado muchas guerras culturales y por eso se ha hecho conservadora, para defender su botín».
En contrario, devuelve Ignacio Sánchez-Cuenca, sociólogo y filósofo: «Se critica a la izquierda por atrincherarse en la identidad y el multiculturalismo, y olvidar a la clase obrera, pero ojo: siempre ha habido rigorismo en la izquierda, pensemos en el comunismo y la homosexualidad».
Es el estribillo del debate en los últimos años, con la frase de la diputada Fernández como penúltimo lance: la izquierda puritana, secuestrada por la política correcta, y la derecha rupturista y 'punk', más tirada a la rebeldía.
"Si lo material está resuelto, la identidad"
La CUP defiende a la pareja que mantuvo sexo público y crítico “el puritanismo” de “Santa Inquisición”. Hay que abolir el porno o se ha vuelto la izquierda
Partamos, por aquello de ser incorrectos en la exposición de motivos, de la visión contraria, la de Sánchez-Cuenca: «Yo no he investigado estos temas, pero me parece certera la visión del sociólogo Ronald Inglehart: dice que Occidente pasó en los años 60-70 del materialismo, de preocuparse sobre todo del bienestar material, a un pos materialismo -respeto a las minorías, medio ambiente, etc.- que luego en los 2000 ha terminado denominando 'valores auto expresivos': la expresión del yo y sus atributos. Es una visión empírica, apoyada en datos y estudios, y despojada de ideología. Me parece plausible que, si lo material está resuelto, el debate se centre en ña identidad».
Sin embargo, otra visión -por ejemplo la del historiador estadounidense Mark Lilla- propugna que la derecha alternativa de Donald Trump se hizo con el poder en Estados Unidos precisamente apelando al votante blanco (la basura blanca del Medio Oeste) que precisamente sí está preocupado por sus condiciones materiales -porque tiene motivos para ello o porque se percibe a sí mismo como amenazado... Mientras la izquierda de Hillary Clinton se centraba más patriciamente en defender a las minorías, en el multiculturalismo y... de nuevo en cuestiones morales.
«Es indudable que parte de la izquierda se ha vuelto más conservadora y puritana», dice Félix Ovejero, que ha construido un corpus en torno al concepto en su libro titulado, precisamente, La deriva reaccionaria de la izquierda (Página Indómita).
Andrea Fernández (PSOE), diputada más joven del Congreso con 26 años. EL MUNDO
Lo resumimos: a partir del 68, la izquierda sitúa como eje de su discurso la diferencia en vez la igualdad, y cambia igualdad, libertad y fraternidad como su tríada mágica, formulada a la manera del ideal ilustrado, por otros rasgos con los que el ciudadano se integraría en la sociedad: su género, su orientación sexual, su religión. Su identidad. La política pasa entonces a ser el lugar en el que no se busca lo que iguala, sino que se subraya lo que diferencia.
Una izquierda nacionalista y 'pro-religiosa'
De ahí a las posiciones ideológicas extremas imposibles de acercar actualmente, y de ahí, por parte de esa izquierda -siempre según Ovejero-, a tolerar/empatizar con las identidades nacionalistas (en vez de soñar con una ciudadanía universal) y religiosas (en lugar de militar en el laicismo).
La sustitución, en suma, del ideal ilustrado (la «razón en movimiento» que se cantaba en La Internacional) por el ideal romántico, que comprende y ampara la política fundada en sentimientos e hipersensibilidades vinculadas al yo.
«Bueno, ésa es la crítica clásica que se le hace por ejemplo en Francia al Mayo del 68 desde posiciones conservadoras», dice Sánchez Cuenca: «Que más que una explosión de libertad fue una glorificación de la identidad y del egoísmo... Personalmente la crítica a un supuesto puritanismo la enmarco yo en ese contexto. Además, eso de que la izquierda vencedora tiene que defender sus victorias culturales tampoco lo veo: es sorprendente cómo en un país como España ciudadanos que se reclaman de derecha coinciden en valores morales con otros de izquierda: en realidad, la izquierda siempre fue un poco por delante, pero el consenso en temas como la homosexualidad o la situación de la mujer es producto de la pura modernización, no de ninguna victoria ideológica de nadie», dice el autor que ha propugnado editorialmente nada menos que La superioridad moral de la izquierda (Contextos), con prólogo de Íñigo Errejón, sobre la derecha.
"El sexo sigue siendo tabú aún hoy"
Volviendo al porno, Félix Ovejero: «Es increíble y paradójico que esa izquierda, la misma que había conseguido desacralizar el sexo, vuelva a cubrirlo de oscurantismo... Pero es que es un misterio cómo el sexo sigue siendo un tabú, el poder que tiene ese tabú aunque hace tiempo que aceptamos que vivimos en una sociedad liberal en la que sabemos que tenemos que convivir con cosas que no nos gustan. La pulsión censora siempre vuelve, a veces por donde menos la esperamos: no hay ninguna evidencia empírica de que la pornografía genere violencia, más bien generará alivio, dicho a la manera renacentista», bromea.
Más en profundidad, la lectura del profesor de Filosofía del Derecho del Pablo de Lora, que acaba de publicar Lo sexual es político (y jurídico), en Alianza: «No hay prueba de vinculación entre pornografía y agresiones sexuales, más bien al revés... Otra cosa es que eduque en una forma de encarar las relaciones sexuales a los jóvenes. Pero, ¿violencia? Ese es un debate muy antiguo al que ha vuelto un feminismo neo puritano que ya se estilaba en Estados Unidos en los 70, y que viene a leer las relaciones sexuales como relaciones de poder, con toda una simbología de la dominación, donde el hombre siempre hace que la mujer se arrodille. Tras eso hay una visión muy sesgada, y da lo mismo que les mentes el éxito que tiene entre los hombres por ejemplo las escenas lésbicas, o el hecho de que sea el hombre muchas veces el que se arrodille a dar placer a la mujer. Es muy puritano y, desde luego, muy sorprendente encontrar esto en manos de la izquierda».
Interviene, más en el marco general, Manuel Arias Maldonado, politólogo: «El conflicto se ha moralizado, se ha resquebrajado la distinción entre vida pública y privada y lo curioso es que los papeles se han invertido: mientras en los 70 la derecha se preocupaba de la moral para mantener el orden y la izquierda 'destradicionalizaba', ahora parece al revés, aunque siempre hubo un liberalismo que buscaba ampliar el círculo de libertades, y una izquierda no conforme con ello» -coincidiendo aquí con Sánchez-Cuenca acerca del «rigorismo comunista»-.
Concluye Arias Maldonado: «Anthony Giddens ya señaló en los 90 el conservadurismo de la izquierda con respecto a la consecución del Estado del Bienestar, pero en cualquier caso es cierto que hoy una parte de esa izquierda parece empeñada en vigilar y censurar las conductas ajenas de un modo que parecía más propio del conservadurismo religioso. Las redes sociales permiten ahora mantener la vigilancia en vivo».